Cuando terminó volví a bajar la mirada. —No, jamás mataría a un cachorrito, aunque quizá lo pensaría sobre quién fuera por la vida haciéndolo. —Ya es algo más que tenemos en común. —Me dijo. —Vamos, cuéntame eso tan malo que me hará salir corriendo, según tú. —¿Seguro? —Sí, ¿por qué no? —Porque son dos historias diferentes. Y ya casi llegamos, ¿no? —¿Puedes contarlas en treinta minutos? —Quizá una de las dos. —Veamos. ¿Alguna tiene que ver con sexo? —Las dos, aunque en diferente forma. —Vaya. Entonces no me importa ninguna. Si tú piensas que por haber tenido una vida s****l antes de mí, voy a salir corriendo, entonces me tienes en pobre opinión. No me importa con quién te acostaste hace un año, un mes, o dos semanas, o si hoy tuviste sexo por la mañana antes de ir a mi oficina

