Me reí mientras guardaba los contratos en mi carpeta. Y llegaban nuestras entradas. —¿Cómo has estado, Dave? —Ya sabes, trabajo, mujeres, trabajo, mujeres, mujeres y así, una vida dura. —Me imagino, ¿cómo está Linda? ¿Laura? ¿Lorena? No recuerdo su nombre. —Las tres están muy bien, aunque no creo que me recuerden con mucho cariño. —¡No cambias! Pensé que ya habrías sentado cabeza. —A menos que por fin me digas que sí, sabes que por ti quemaría mi agenda. —Ja, ja, ja. Es mucha responsabilidad privar al mundo femenino de tus encantos, querido. —¿Verdad que sí? Ja, ja, ja. No, la verdad es que Laura y yo nos separamos hace ya algunos meses y después de eso decidí concentrarme aún más en el negocio. Y así solamente veo a mujeres en el trabajo y no podría romper mi regla más sagrada. —

