Llegamos a la puerta y una persona nos pidió nuestros nombres, me encontró rápidamente y le dije discretamente que el caballero de la corbata lila venía conmigo. Lo distinguió rápidamente y asintió. Entré y un momento más tarde él ya estaba junto a mí. Nos sonreímos con complicidad. Nos ofrecieron champán y recibí la copa, pero de inmediato me lanzó una mirada reprobadora. —Ya sé —Le dije —Pero si no me ven con una copa seguirán insistiendo. No la pienso beber, ¿ok? Sonrió complacido. Seguimos caminando por el lugar hasta que distinguí a Alejandro, en cuanto me vio se acercó a mí. —Pensé que no vendrías —Me dijo al tiempo que me daba un gran abrazo. —No me lo perdería, muchas felicidades. —Gracias, guapa, estás increíble como siempre. —Y miró extrañado a Enrique detrás de mí. —Alej

