La mañana llego y no había obligaciones o quehaceres después de la gran celebración del décimo octavo cumpleaños de Margaret Kedward. La chica despertó de su ensueño, miro la hora y se levantó, era mediodía y ella seguía en la cama, salió de su habitación, tomo su desayuno y observó a sus padres ver una película tranquilamente, mientras sus hermanos realizaban cada uno sus asuntos de interés. Margaret regreso a su habitación para cambiarse, salir y tomar aire, con suerte podría pasar un rato con Aleister, en la fiesta no había podido estar ni hablar lo suficiente con él; cada vez que ella intentaba no perderlo de vista, el chico de ojos azules desaparecía, ella tardaba en encontrarlo nuevamente y para su desdicha cada que ella lograba alcanzarlo o entablar una pequeña conversación con él

