Brujas 2/2

1136 Palabras
Los días de las grandes persecuciones Caza de brujas Les sabbats des sorcières (el sabbat de las brujas).Les sabbats des sorcières (el sabbat de las brujas). Diferentes escenas de brujerías.Puesto que generalmente se asocian Edad Media con las brujas y con las brujerías, y ello no es arbitrario, no es de extrañar que los siglos XVI y XVII fueran los que sufrieron las persecuciones más horribles y numerosas. Anteriormente, se consideraba que los brujos eran tanto hombres como mujeres, pero con el nuevo tiempo, los procesos de brujería fueron casi exclusivamente en contra de las mujeres. El paroxismo o locura colectiva surgió cuando los tribunales civiles suplantaron el monopolio de la Iglesia en relación a todo lo concerniente a la brujería. La « caza de brujas» conoció dos etapas álgidas : la primera entre 1480 y 1520, y la segunda entre 1560 y 1650. No obstante lo señalado, corresponde aclarar que la « imagen estereotipada» de las brujas se fue conformando poco a poco entre los años 1400 y 1450, y que las últimas persecuciones y los últimos procesos recién concluyeron hacia el fin del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Historiadores e investigadores estiman hoy día que el número de víctimas se situó entre 50.000 y 100.000, contando tanto los condenados a la hoguera por los tribunales de la Inquisición como los condenados por la Reforma. Obviamente, nos estamos refiriendo a un número elevado de afectados en proporción a la población europea de la época. Y entre estos condenados a muerte, se estima que alrededor del 80 % de las víctimas fueron mujeres. El 20 % restante eran hombres, la mayoría catalogados como « errantes» (pobres y vagabundos, nómadas, judíos y homosexuales). Estas mujeres que fueron acusadas y condenadas (y en algunos casos también su descendencia, sobre todo si se trataba de niñas), frecuentemente pertenecían a las clases populares, y entre ellas, sólo una minoría hubieran podido ser catalogadas como enfermas mentales o como auténticas criminales (este fue el caso por ejemplo de Catherine Deshayes bajo el reinado de Louis XIV, culpable de homicidio). La mayoría de las condenadas en esos días, eran de todas las edades y condiciones, y de diversas confesiones religiosas, con frecuencia parteras o curanderas, pues los remedios de estas últimas se basaban en una farmacopea tradicional, consistente en brevajes y también en infusiones o decocciones de raíces y de hierbas, o sea lo que se conoce como « fitoterapia». La población de entonces, esencialmente rural, no tenía otro recurso para intentar tratar algún mal que recurrir a estos procedimientos ancestrales, los que claro, a la consideración de personas más cultas daban que pensar en la magia y en la brujería. Un medio horrible y despiadado de saber a ciencia cierta si una mujer era una bruja, consistía en tirarla al agua con las manos y los pies atados, para así dificultar el nado. Como en teoría, una bruja era más liviana que el agua, si flotaba y no se ahogaba era rápidamente rescatada y quemada viva, mientras que si por el contrario la mujer se ahogaba, ello era prueba que había muerto inocente. Hans Peter Duerr, profesor de etnología de origen alemán, en su obra Nudité et pudeur: Le mythe du processus de civilisation, estima que esta práctica tan chocante por la exhibición y la crueldad que provocaba, fue afortunadamente poco utilizada. Sin embargo, varios textos y dibujos reflejan que el procedimiento señalado se aplicó al menos varias decenas de años durante la Edad Media. Por lo general, las mujeres de clases privilegiadas escapaban a este tipo de acusaciones y de persecuciones, aun cuando un escándalo salpicara a un personaje importante en la Corte, pero esa no fue la situación en el llamado caso de los venenos, episodio ocurrido en París entre 1670 y 1682, y que implicó la acusación y muerte de varias decenas de personas. Por su parte, Catalina de Médici no vaciló en utilizar este tipo de acosos y de procesos para eliminar a algunos personajes políticamente molestos, en oportunidad de ejercer las sucesivas regencias en nombre de sus hijos menores, entre 1559 y 1574. La creencia en las brujas y los procesos de brujas realmente comenzaron a ponerse en duda en forma más o menos generalizada a partir del fin del siglo XVII. El pastor alemán Anton Praetorius de la iglesia reformada de Juan Calvino, editó en 1602 el libro Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas (De l’étude approfondie de la sorcellerie et des sorciers, Von Zauberey und Zauberern Gründlicher Bericht), en donde se expresaba en contra de la caza de brujas y en contra de la tortura. En Francia, Louis XIV remplazó las ejecuciones a muerte por destierros de por vida, y en Estados Unidos, el juez y el jurado de Massachusetts, responsables del llamado Procesos de Salem (1692-1693), firmaron un arrepentimiento público en el cual se retractaban por lo hecho en los siguientes términos: « Confesamos que no hemos sido capaces de comprender las misteriosas alucinaciones de las potencias de las tinieblas ni oponernos a ellas (...). Tememos haber contribuido con otros, aunque por ignorancia y sin intención, a cargar sobre nosotros mismos y este pueblo de Dios, la responsabilidad de sangre inocente (...). Expresamos nuestro profundo sentimiento y nuestra pena por nuestros errores (...) por los cuales estamos angustiados e inquietos en nuestros espíritus (...). Pedimos a todos perdón desde el fondo de nuestros corazones, a ustedes a quienes hemos injustamente ofendido, y declaramos, según nuestra conciencia presente, que por nada del mundo ninguno de nosotros volverá a hacer semejantes cosas por semejantes razones.» En Inglaterra, la ley contra la brujería fue definitivamente abolida en 1736, lo que desgraciadamente no impidió el ahorcamiento de la última bruja inglesa en 1808. Las últimas condenadas que fueron quemadas en Europa, datan del fin del siglo XVIII y principios del siglo XIX, como por ejemplo Anna Göldin en 1782 en el cantón de Glaris en la Suiza protestante, o como por ejemplo una condenada en 1793 en Polonia. Y respecto de Francia y más precisamente en Bournel, una mujer acusada de brujería fue quemada por campesinos el 28 de julio de 1826, mientras que otra en 1856 fue lanzada dentro de un horno en la comuna de Camalès. Si bien el término « genocidio» tal vez no sería el más apropiado para aplicarlo a la situación que aquí nos ocupa, muchos feministas definen hoy día esta horrenda batida contra las brujas como un crimen contra la humanidad, mientras que otros admiten que las injustificadas persecuciones y ejecuciones por sospechas de brujería perfectamente se acercan o se asimilan a lo que en el siglo XX ocurrió a los armenios en Turquía, o lo que ocurrió a los judíos en Alemania y en Polonia
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