El amanecer llegó con niebla espesa. Alejandro estaba de pie en el centro de la plaza principal de Ciudad Olvidada, con el Colmillo del Dragón de Jade descansando en su mano derecha. La espada parecía vibrar con anticipación, como si reconociera que pronto bebería sangre. A su alrededor, la plaza estaba vacía. Wei había evacuado a todos los residentes antes del alba. Pero Alejandro sabía que observaban desde ventanas y tejados, esperando ver si el heredero del Dragón de Jade era digno del título. O si moriría en los próximos minutos. June estaba escondida en un edificio cercano. Había pasado toda la noche preparando el campo de batalla: cables de acero enterrados bajo la tierra, frascos de veneno paralizante escondidos en puntos estratégicos, runas de éter que Wei había grabado en las

