Al terminar el día, Alexander llegaba al bufete de abogados Benson, con la ventanilla abajo y el rostro serio revisaba su teléfono mientras esperaba. Al escuchar la dulce voz que ya conocía a la perfección levantó la mirada, abriendo la puerta bajó dramáticamente del automóvil con una cálida sonrisa en su hermoso rostro. —¡Alexander! ¿Que haces aquí? —Vine a recoger a mi novia. Se acercó a su oído lentamente con una sonrisa traviesa. —¿Eso es normal, no? Es lo que se acostumbra. Sonrojada por las palabras del hombre, se encogió de hombros. Las personas que pasaban por el lugar y algunos compañeros que salían del edificio observaban a la pareja. —Yo me retiro, hasta mañana Sophie. —¡Descansa, Rosie! —¿Y bien, que quieres hacer? —Tengo exactamente dos horas libres. —¿Do

