En el sanatorio, la mano de Carla Cásper se apretó contra el borde de la cama, cuando vio la noticia de farándula sus dientes crujieron como un caníbal hambriento. “Maldita mocosa, cómo te atreviste a poner tus ojos en él, juro que cuando salga de aquí te haré pagar por haber tocado a mi hombre” Se dijo así misma. Cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse, dejó de apretar y posó sus ojos en el tejado, como si su mente estuviera perdida. —Buenos días señorita Cásper—, la enfermera posó el plato de comida licuada a un costado, y esta sintió asco de ello. Durante nueve años había pasado comiendo comida licuada porque ante los doctores, ella no podía moverse, pero la realidad era que Carla había logrado recuperar gran parte de sus movimientos y solo esperaba lograr recuperarse al ci

