Cuando salí, sus cenizos ojos me observaron con un brillo. Ella sonrió, pero yo la miré serio, cuando mi mirada bajó a sus manos que sostenía un coche, cerré mis ojos y me di la vuelta. Al dar la vuelta caminé hasta la oficina, ella me siguió. Una vez cerrada la puerta, habló —Emir—, regresé a mirarla —Te presento a Evania—, la sacó. Al tenerla en sus brazos se giró, y con una sonrisa se acercó. Mi mirada bajó aquella pequeña que dormía profundamente, dije pequeña porque estaba vestida de rosa —Nuestra Baby. —Dijiste que no la tendrías—, vociferé, —Dijiste que te desharías de ella porque no querías tener hijos aún. —Cambié de opinión, yo… no pude asesinarla. —Sin embargo, me mentiste cuando te pregunté si lo habías hecho… ¡Maldita sea Maggie! —No grites, vas a despertarla—, la dejó nu

