Entro a casa con el corazón en la boca; gracias a Dios, mamá y papá duermen. Subo rápido las escaleras y me tiro en la cama y respiro. Me doy el privilegio de respirar tan hondo y llenar mis pulmones de aire, aire que había necesitado desde el momento en que entré a ese auto. Pienso en todo lo que pasó y en lo último que vi de Bastian, sus ojos tan dilatados y a la vez tan rasgados, su mandíbula tan ancha y esos mini colmillos que salieron de su dentadura no me asustaron, pero me parecían familiares, por eso no me dio miedo, ahora me pregunto ¿a qué se deberá eso?, porque él estaba normal, él era una persona normal hasta que me acercó a él en el auto, bueno, me arrinconó en el asiento. De solo recordarlo, mi corazón empieza a latir fuertemente y mi respiración se descontrola. Es increíble

