Después de entregarse a una apasionada noche de amor, Alex y Abril yacían acurrucados en la cama, disfrutando de la calidez del momento. Sin embargo, la preocupación de Abril no desaparecía. Mirando al techo, comenzó a hablar sobre su día a día. —Alex —dijo con un tono de inquietud. —No puedo dejar de pensar en el futuro de nuestra pequeña. Es una niña loba, y no sé cómo abordar la situación más adelante. Alex sintió la tensión en la voz de Abril y la miró con ternura. —Lo sé, Abril. Pero tenemos que confiar en que encontraremos la manera de guiarla. Abril suspiró, recordando un libro que había leído. —Leí Las sombras del lobo y no quiero que nuestra hija pase por lo que describe. No quiero que se sienta sola o diferente. Alex la abrazó con más fuerza, intentando transmitirle calma.

