CAPITULO 10

1299 Palabras
CHRISTIAN  Hoy es lunes, despertarme temprano ya es algo común para mí. Veo a Brenda que se mueve con pereza por el cuarto. —Buenos días dormilona — la saludo —Que de buenos tienen — dice ella aun con los ojos cerrados. —Anda báñate, para que luego comas algo y así poder llevarte a la estudiar y luego ireme yo también a estudiar — le digo con un tono que ni yo sé cómo es. —Okey — contesta ella con una sonrisa que involuntariamente respondo igual. Bajo a tomar desayuno y saludo a mi nana. —Nana Cecilia, buenos días — la saludo mientras le doy un abrazo. —Mi niño, se ve que hoy amaneciste de buen humor — me dice ella —Se podría decir que si — respondo y me rio. —¿Qué te preparo para desayunar? — me pregunta con la sonrisa más linda en su rostro. —Un jugo de naranja, una taza de café y una tostada por favor nana. —Ahora mismo mi niño. —Nana, para Brenda le haces un jugo de naranja, un vaso de leche y unas donas de chocolate — le digo algo inseguro porque no se si le agrade eso. —Si mi niño, yo lo preparo — me dice mi nana y se pone a preparar el desayuno para ambos. Han pasado 10 minutos y veo a Brenda bajar con su mochila ya arreglada. —Buenos días, Cecilia, ¿Qué hay de desayunar? muero de hambre — dice Brenda con cierto dramatismo en su voz. —Buenos días, señora — contesta mi nana, a lo que Brenda la mira aterrada. —¿Señora?, no, no y no, solo dime Brenda; me niego a ser señora con solo 18 años — dice ella haciéndose la ofendida —Como usted guste — responde mi nana con amabilidad. El desayuno trascurrió de lo más raro para mí, nunca me había reído tanto. —Ya nos vemos nana — le dije dándole un beso en la cabeza. —Adiós Cecilia — dice Brenda sonriente. —Que tenga buen día seño...—estaba diciendo mi nana, pero se retractó — digo señorita Brenda. Brenda sube de copiloto y yo también me subo en el carro. —No me gusta que me digan señora — dice Brenda haciendo morros y hace que se vea adorable. —Pero eso es lo que eres ahora, eres la señora de Anderson — le dije mirando sus carnosos labios. Brenda se dio cuenta de donde estaba mi mirada y se sonrojo a mas no poder. —Lo mejor será que no hablemos de este tema — dice ella mirando por la ventanilla de su lado. —Como gusté señora Anderson — digo para fastidiarla. *** Estoy en la universidad y todos mis compañeros me miran de una forma extraña y se porque es; no es una novedad para nadie que me haya casado. —Hola Daimon, ¿sabes por qué me miran de ese modo? — pregunto, aunque ya se la respuesta. —Hermano, te has casado, ¿Cómo quieres que te miren? — me dice Daimon. Ya sabía de sobra que se enterarían y que a estas alturas todos lo sabrían, pero mirarme de esta forma es muy extraño. —Pues si estoy casado, pero no amarrado — le digo sacándole una carcajada. —¿Nunca cambiaras? — pregunta. —Nunca — respondo muy seguro. —Nunca digas nunca — dice Aaron viniendo a nuestro encuentro. —Es verdad, no lo puedes afirmar — le sigue la corriente Daimon. —Puede ser que te enamores de alguien — dice Aaron. —¿ENAMORARME YO?, eso está bien complicado — les digo con una sonrisa socarrona. —Yo solo te estoy advirtiendo — me dice Aaron. Enamorarme otra vez no está en mis planes, una vez lo di todo y me jodieron. —Vamos a clases mejor — dice Daimon rompiendo la conversación. —Vamos —decimos al unísono con Aaron. Entramos a clases y nos avisan que la profesora no va a venir. —Vamos a hacer hora — dice Aaron. —Vamos — contesta Daimon. —Voy a ir a la biblioteca, necesito unos apuntes — les digo. —Nos vemos más rato — me dicen Daimon y Aaron. Voy a la biblioteca y agarro el libro de medicina, a pesar de estar estudiando negocios internacionales, mi sueño es ser medico algún día. Estoy leyendo, pero una melodiosa voz me interrumpe —Hola, crees que me puedas prestar ese libro — me dice en un susurro casi inaudible. Es la nueva, la de ojos raros. —Si no hay problema, te lo puedes llevar — digo dándole una media sonrisa. —Gracias — dice ella agarrando el libro y volteándose para irse. —Espérate —le digo agarrándola del brazo. —¿Qué sucede? —pregunta ella un poco cohibida. —Si quieres yo te puedo enseñar y así se te hace más fácil entenderlo — me ofrezco. —Eso me ayudaría bastante, pero no quiero ser una molestia — me contesta ella con la mirada en el suelo. —Nunca bajes la mirada, que tienes unos ojos preciosos que no hay porque esconderlos — le digo levantándole la barbilla. Ella se sonroja y solo asiente; ambos nos sentamos a la mesa nuevamente y le empiezo a explicar el libro. *** Acabo de llegar a casa y estoy super cansado, tuve que irme a enseñar el día de hoy, nadie sabe que lo hago, es un pequeño secreto. —Nana, buenas noches — saludo —Buenas noches mi niño, es muy tarde, te sirvo algo de cenar — dice mi nana. —No te preocupes, yo ya cené, ahora solo me daré un baño y tu anda descansa — le digo dándole un abrazo Mi nana siempre ha sido como una madre para mí, mientras mi madre se iba a los clubes, yo me quedaba con mi nana y ella veía por mí. Entro al cuarto y veo a Brenda sumamente dormida, se ve tan tierna ¿Eso dije yo?, el cansancio me tiene mal definitivamente. Me meto a bañar para que mi cuerpo se relaje, en secreto amo enseñar, amo poder inculcar conocimientos a los que no tienen la posibilidad de ir a una escuela, los niños son el futuro de nuestro mundo, si no les enséñanos buenas cosas como queremos un mundo mejor. El agua esta tibia, mi cuerpo se siente contraído por su tacto. Termino de bañarme y me coloco mi bóxer para irme a dormir. Me echo a la cama y me percato que hay un olor particularmente extraño, huele a ¿coco?, si definitivamente es a coco. Estoy buscando de donde proviene ese olor y me percato que es el cabello de Brenda. Brenda es una chica muy linda, es muy buena, amorosa, risueña, lo que más me gusta de ella es su cabello, es tan sedoso, tan castaño, tan ondeado, su olor es inigualable. Solo no quiero que este pensamiento que tengo se vuelva en mi contra, desde que la bese no dejo de pensar en besarla otra vez, pero sé que si la enamoro ella va a sufrir y no quiero que su sonrisa se apague y menos por mi culpa; por lo menos no por ahora, es muy pronto para ser un hijueputa con ella. Quiero ver esa sonrisa todos los días que me despierte, aunque sea solo de amigos y nada más. Me acomodo y abrazo a Brenda para que ella sienta mi calor y sepa que no está sola. —Ummmm...llegaste — dice Brenda entre sueños. —Nunca dejare de dormir contigo, eso te lo prometo — le digo en voz baja y solo cierro mis ojos para quedarme dormido.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR