Por supuesto. En vez de dejarlo ir, golpeé su espalda contra las rocas antes de torcerle la cabeza con la fuerza suficiente para sentir el crac del hueso cuando su columna vertebral y los implantes metálicos se rompieron, y así su cuerpo se contrajo y se retorció en agonía. Miré hacia arriba desde el sitio en donde me arrodillé y vi a Ang corriendo para alcanzar a nuestra unidad en el camino a la plataforma de transporte. Poniéndome de pie, me tensé y me moví para seguirlo cuando un grito llegó a mis oídos. Un humano. Conocía ese sonido. Alguien estaba en problemas. El ruido provino de un estrecho barranco detrás de la roca, en la misma dirección en la que debieron haber venido los soldados de la Colmena antes de caer en nuestras manos. Un rápido vistazo a mi unidad me mostró que est

