Me encierro en mi habitación y me meto en mi baño antes que a mi madre le de con entrar para seguirme sermoneando. Lleno mi tina con agua tibia y relajo mis músculos. La noche estuvo intensa, Damian es un buen amante y su v***a es definitivamente una de las mejores que he probado. Su caliente leche sabe dulce al contrario a la de mi primo que era amarga. Sería una amante asidua si Damian me lo pidiera. Disfruto mucho de su sexo, recuerdo el pug que me regaló, este lo tengo en mi bolso. No llego a comerme mi culo pero si jugo mucho con el pug haciendo que el sexo con el escalara.
Me excito de solo recordar como lamia mi coño mientras entraba y salía el juguete de cristal de mi trasero. Un gemido salió de mis labios y tuve que pellizcar mis pezones buscando calmar mi coño palpitante, pero no pude. Sali y busque entre mis cosas para buscar un dildo de silicona. Mi coño agradeció cuando abrí mis pliegues y comencé a embestirme.
—¡Oh Damian! —gemí corriendome divino con el pene de plástico dentro de celular móvil sonó con un mensaje y veo que es Damian.
“Conejita, mi v***a te extraña”
Muerdo mi labio y me tomó una foto con el dildo en mi coño y se la envío.
“Mi coño también te extraña”
Me enjuago y me pongo una pijama de seda, de estas que son pantalón y camisa de manguillos. Me siento en mi cama y Damian me envía una foto de su v***a muy dispuesta.
“Voy a buscarte” —niego sin que me vea.
“No puedo salir, te veo mañana en el gimnasio de la uni”. —contesto.
“Me voy a volver loco de aquí a allá”. —sonrío satisfecha, me gusta saber que tanto él como yo nos tenemos ganas.
“Más tarde te envío un video masturbándome”. —muerdo mi labio.
“Lo espero con ansias”. —Tiro mi celular a un lado y tomo un libro. Mi madre abre la puerta y sonríe al verme leer.
—Leonor, ya me tengo que ir. Juan Carlos se va a quedar para que no estés sin supervisión. —Asiento.
—Bien. —contesto con monosílabo escogiendo mis hombros.
—Te amo hija, te veo el miércoles y vamos a pasar un día de chicas, ¿Qué dices? —pregunta buscándome la vuelta.
—Esta bien, buen viaje. —cont re stock soltando un suspiro resignado. Ella me da un beso en la mejilla y sale de mi habitación.
Termino de leer lo que me quedaba de la novela y me levanto para hacerme aunque sea un emparedado. No creo que Juan Carlos sepa cocinar.
Escucho un ruido en la terraza, hago mi cena y me asomo, el novio de mi mamá estaba haciendo ejercicio con unos minúsculos pantalones, que le hacían ver el paquetito qué Dios le envió para satisfacer a las mujeres en la tierra. Mordí mi labio, cuando vi como su polla quería salir del pantalón. Su punta rozaba con el ruedo del pantalón corto. Mi corazón comenzó a palpitar fuerte y subí rápido a mi habitación, no quería que él supiera que lo había visto. Comí mi emparedado tratando de no ahogarme y le escribí a Damian.
“Estoy muy caliente, hagamos una videollamada”. —Este sin darme tiempo marcó a mi móvil.
—Conejita, muéstrame cómo está. —dice y me pongo los audífonos para que si alguien pasa por mi habitación no escuche nada.
Puse mi celular de manera estratégica para que este me viera, busqué mis juguetes junto al plug de cristal y quité mi pantalón tirándolo al suelo. Me puse en cuatro y comencé a hundir el juguete de cristal en mi culo.
—Mierda Conejita, cuanto quisiera estar allí dice escuchándome gemir.
—Yo también quisiera que fueras quien me lo estuviera poniendo. —digo y me volteo para abrir mis piernas y mostrarle mis pliegues empapados. Este me muestra su v***a erecta y sus manos subiendo y bajando en su falo.
Comencé hundiendo mis dedos los empapada Y los llevaba a mi boca.
—No lo hagas, quiero ser yo quien te los pase con mi lengua. —gemí imaginándome esa escena.
Escucho que alguien toca la puerta de mi habitación y palidezco.
—Tengo un colgar. —digo en automático cubriendo mi desnudez con mi frazada.
—¿Leonor puedo pasar? —escuchó la voz de Juan Carlos.
—Si, adelante. —Este abre la puerta y frunce su ceño, me mira y luego mira mi pantalón corto en el suelo, no dice nada, solo me vuelve a mirar esta vez me cruzo de brazos al sentir mis pezones duros rozando la tela de mi pijama.
—Voy a ordenar pizza, pero primero creo que debemos hablar. Te espero en un minuto en la habitación de tu madre. —asiento, Juan Carlos cierra la puerta y corro a ponerme el pantalón sin quitarme el juguete de mi trasero. Me siento nerviosa, si. No se que me irá a decir pues no es que tengamos confianza o nos conozcamos bien. Apenas lo he visto algunas veces que ha cenado con nosotras.
Mis piernas tiemblan pero como puedo entro a la habitación de mi madre y lo veo pensativo, la habitación es mucho más grande que la mía, tiene un sillón en el ruedo de la cama donde ahora está sentado Juan Carlos.
—¿Querías preguntarme algo? —digo sacándolo de sus pensamientos.
—Adelante Leonor. —palmear el mueble justo a su lado.
—Te escucho —me voy a sentar de golpe, pero él plug en mi trasero me hace gemir. Me muerdo la lengua cuando Juan Carlos me mira.
—¿Estás bien? —Asiento nerviosa.
—Si, ¿Qué querías decirme? —pregunto nuevamente.
—Leonor, no sé cómo empezar. Yo amo a tu madre, si, tal vez es muy apresurado decirlo por el tiempo que llevamos juntos. —sonrió asintiendo con la cabeza.
—Lo sé pero ¿A qué viene todo eso? —cuestiono.
—Es que necesito que comportes, tu madre se estresa mucho por como últimamente Te comportas. Ya tu eres mayor de edad, pero ella aun no confía en dejarte sola para poder ir a sus reuniones en el estrangero. —Niego triste.
—Yo soy mayor de edad, pero ella no lo puede ver, me sigue tratando como una quinceañera que no sabe comportarse. No es que haya habido algún cambio desde que tu llegaste a su vida. Ella vive aferrada a su trabajo. Yo me crié entre la casa de mi padre y ella sintiéndome el estorbo de los dos. —comienzo a llorar recordando esas noches amargas en las que añoraba un abrazo de una madre o un padre.
—Lo siento Leonor. —susurra y niego. Paso mi mano por su muslo.
—No, nadie lo siente. —susurro acercándome más a él. Juan Carlo me mira serio pero no saca mi mano, eso me da pie al próximo paso.
—Leonor —Habla cerrando sus ojos en el momento que aprieto su bulto sobre su vaquero.
—Dime que no me deseas y me marcho. —nuestras miradas ardientes se encuentran.
—Esto es una locura. —me abalanzo a sus labios siendo recibida por sus calientes labios.