Estoy feliz, me siento liberada. Después de algo más de tres meses vuelvo al trabajo, sigo con mis tratamientos pero es hora de seguir avanzando. Intento no tener miedo, pero no es fácil, tres guardaespaldas me recuerdan que alguien quiere acabar con mi vida. Y esto no cambiará hasta que den con el culpable, mientras tanto adiós a mi intimidad. Puedo trabajar siempre y cuando lleve a mis guardaespaldas y no pase demasiado tiempo de pie, apenas me voy acostumbrando a la prótesis. Ya voy con una sola muleta, si sigo esforzándome pronto dejaré de usarla. Vaya si había alguien en toda la empresa que no sabía quién era, ahora ya lo sabe, solo me falta un cartel de neón sobre la cabeza que diga Melina Creek, asistente y esposa de Richard Creek. Subo en el ascensor estoy apunto de pasar al

