Dakota... entiendo que busques papeles más adultos, pero esto va a alejar o destruir a tus fans. Sé que odias esto, pero hay muchos jóvenes que te idolatran y no lo van a tomar bien.
—Vamos, Eli; los niños no irán a ver esa película, todos los padres se cabrearán —dijo.
—Los padres son los que tienen el dinero, salvo los presentes —bromeó Eli—. Pero también son a quienes los estudios les venden el resto de sus películas. Mira, parece que conoces a Pascal, obviamente él te conoce. Quizás quieras reinventar tu imagen, la va a destrozar solo por el impacto para que su película tenga más repercusión. Probablemente, en la primera toma, te verás atado con las piernas abiertas en una cama, sin nada puesto. Incluso si esta película triunfa, aún no tienes la seriedad ni el pedigrí para generar impacto. En el próximo guion de '4K' que me envíen, no querrán que interpretes a la universitaria, sino a la prostituta de la esquina.
—La puta de la esquina todavía está en la película y le pagan —señaló Dakota.
—Dakota—
—Mira, Eli, lo entiendo —dijo Dakota—, pero ahora mismo tengo quince millones de dólares en el banco, y los ingresos residuales de 'Princesa Jewel: La Gema de la Reina' siguen llegando a raudales. No necesito ganar mucho dinero y me da igual si gano un Oscar o un Globo de Oro. Quiero actuar. Sé que esto parece un poco raro y provocador, pero es lo que necesito ahora mismo. Y quizá sea infantil, pero me dan ganas de mandarles la hostia a mis fans. Después de todo lo que pasó con Coulter y mi madre, quiero saber quién está de verdad conmigo y quién es solo un parásito. Me desnudaría y me balancearía sobre maquinaria de construcción, pero eso ya está hecho.
Eli soltó una carcajada. —Por favor, no vengas a mi oficina con cubrebocas; no creo que mi corazón lo aguante.
—Creo que sí —dijo Dakota, sintiendo que su corazón se aceleraba—. De hecho, sé que sí, por eso necesito tu ayuda.
Eli la miró con cautela. —¿Qué quieres decir? —preguntó.
—Pascal quiere que su película sea auténtica. Sabe todo lo malo que fue 'Cincuenta sombras' porque se equivocó mucho con el b**m, así que quiere que todos sepan cómo interpretar sus roles.
—Um... Dakota, realmente no...
—Para, Eli; lo sé —dijo Dakota.
Su mirada se ensombreció y Dakota levantó las manos inmediatamente. —No, no, mira, no te estoy amenazando ni chantajeando ni nada por el estilo. Pero sé que te gusta esa escena. Y Pascal tiene amigos que también. Dice que conoces a la persona más indicada para enseñarme.
—¿En serio? —dijo Eli. Dakota se puso un poco nervioso porque su imagen de "mentor mayor y servicial" ya no existía. Ahora parecía más un hombre de negocios reservado o un abogado.
—Quiero entrenar con Sam —dijo.
Eli parecía como si le acabaran de dar un puñetazo. —No, no lo harás —dijo.
—¿Por qué? ¿No es el mejor? —preguntó Dakota.
Eli la miró fijamente de nuevo, pero esta vez no parecía preocupado; parecía como si acabara de pedir un perro cuando vivían en un apartamento. —No tienes ni idea de lo que es Sam —dijo—. Sam ha destrozado a la gente. Sam es conocido por eso. Interpretar a su nivel... cambia la personalidad de la gente. Reescribe cómo se ven a sí mismos. Sales de una escena con Sam y no eres la misma persona.
Dakota se inclinó hacia delante. —¿Has estado con Sam? —preguntó con entusiasmo.
—Vi —corrigió Eli—. Vi cuando Sam dio una demostración. Había un tipo, no diré quién, pero era el director ejecutivo de una empresa. De la lista Fortune 500, o algo así. Hay muchos directores ejecutivos influyentes a los que les gusta que los aten y les den nalgadas los fines de semana. Este idiota afirmó que su dominador no lo hacía. No fue lo suficientemente contundente, no fue convincente. Sam lo incitó a ofrecer 250.000 dólares si alguien podía hacerlo llorar como un bebé en medio de la habitación, con todos allí.
Dakota dudó. La mirada de Eli parecía atormentada. —Sam lo hizo.
—Sam lo hizo con un dedo —dijo Eli—. No paraba de recorrerle el cuerpo, presionando puntos de presión, tocando nervios, ni siquiera sé. Además, le hablaba todo el tiempo. Durante los últimos diez minutos, Sam solo le susurró al oído; no teníamos ni idea de lo que decía. Entonces el tipo gritó: "¡Por favor! ¡Por favor! ¡Métemelo por el culo!". Sam metió un dedo, el tipo se corrió por todo el suelo, se acurrucó y empezó a sollozar como un bebé. Terminó necesitando una hora de cuidados posteriores antes de poder moverse.
Eli hizo una pausa, se levantó, abrió un cajón y se sirvió un poco de whisky en un vaso. Lo bebió de un trago y volvió a sentarse, aún con la mirada perdida. Miró a Dakota y dijo: —Dos días después anunciaron su renuncia. Alguien dijo que hablaron con él después, y admitió que ya no podía dar órdenes. Se sentía demasiado impostor. Al parecer, Sam le hizo darse cuenta de que fingía estar al mando, y estaba demasiado cansado para seguir fingiendo. Encontró un dominador, abrió una cuenta de depósito en garantía y ahora vive a tiempo completo como esclavo.
—Mierda —dijo Dakota—, eso es lo que necesito entonces, eso es exactamente lo que quiere Pascal.
—Qué lástima —dijo Eli—. No lo haré y Sam tampoco lo hará.
—¿Por qué carajo no? —exigió Dakota.
—Sam dejó ese estilo de vida. Hace tres... no... cuatro años. ¿Adónde va el tiempo? —dijo Eli.
—¿Qué pasó? —preguntó Dakota.
—Nadie lo sabe con certeza —dijo Eli—. Hay rumores de todo tipo, pero todos saben que algo pasó con una sumisa. Algunos dicen que arrestaron a Sam porque una sumisa fue al hospital y ahora hay una orden judicial que lo impide. Otros dicen que Sam simplemente perdió el control y ya no puede dominar. Otros piensan que Sam encontró a la sumisa perfecta y que simplemente se esconde jugando con ella todo el tiempo y no quiere compartir.
Dakota respiró hondo. Sabía que Eli intentaba advertirle. Le pagó para que la defendiera, le encontrara trabajo y la ayudara a tomar buenas decisiones. Él la estaba advirtiendo con firmeza.
Pero ella quería esto. Quería el papel, quería salir del armario, el momento decisivo en el que la gente reaccionara al ver a la inocente y alegre Princesa Jewel aceptando un papel en la película de bondage. Y si había una nominación al Oscar, la aceptaría. Y el sueldo también.
Así que jugó su última carta del triunfo.
—Pascal… —empezó, pero tuvo que tragar saliva—. Pascal dijo que Sam te debía un favor, y tú le debes uno a él.
Le pasó el teléfono, con el correo electrónico abierto. Tenía una frase que parecía una tontería de espías de James Bond, pero él le dijo que la usara si Eli dudaba.
Eli leyó el teléfono, la miró y ella se encogió. Consideró seriamente darse la vuelta y huir. Eli agarró su teléfono y lo arrojó contra la pared.
—¡Que se joda! —gritó, y luego la miró—. Y que se joda tú también.
Dakota se quedó muy quieta. Pascal no le había advertido de nada de esto. De repente, le preocupó lo anticuada que podría ser la Eli de Hollywood.
Finalmente bajó las manos y la miró. —Te conseguiré una reunión con Sam, joder. Es todo lo que puedo prometer; es todo lo que vale mi favor. Si Sam te manda a la mierda, estás en un lío. Te llamaré —dijo.
—¿Cómo se supone que debo responder? —preguntó Dakota con sarcasmo, y luego se arrepintió cuando Eli la fulminó con la mirada.
—No sé, tienes quince millones en el maldito banco, cómprate otro. ¿Y Dakota?
—¿Si? —respondió ella dócilmente.
—¿Cuándo lo harás? Borra mi número.