Se despidieron y salieron de la biblioteca La jequesa Adila Latif, se dijo en silencio: no permitiré que sigas haciéndonos más daño de los que nos hiciste a mis padres el jeque Habid Latif y la jequesas Aida Rabht, lo juro por la memoria de mi padre y por la vida de mi madre. Se secó las lágrimas y se dirigió a los aposentos donde la esperaba su esposo. El jeque Ruslam al verla se aproximó le dijo: —mi bella esposa estaba con tu padre, hablamos de padre a hijo porque desde hoy soy su hijo, por estar casado con usted mi bella novia la iba a tocar ella se lo impidió diciéndole. —mi príncipe, tengo jaqueca por la visita de mes que nos dan a nosotras las mujeres, perdóname te recomprase, cuando esté lista. —Él le contesto sí, mi jequesa esposa mía, te esperare para consumar nuestro amor

