El hedor a traición impregnaba el aire denso del almacén. Viktor permanecía en el centro del área de la planta baja, su silueta recortada contra la única bombilla oscilante que colgaba del techo. Sus ojos, dos abismos gélidos, se posaron sobre el hombre arrodillado frente a él: Ivan, un antiguo aliado, ahora convertido en traidor. —Nunca pensé que serías tan insensato —su voz era un susurro afilado—. Robarme, mentirme… desaparecer como un cobarde. ¿Creíste que no te encontraría? El sonido de su voz era similar al de un ogro enfurecido, un rugido gutural que vibraba en las paredes y se incrustaba en la piel de quienes lo rodeaban. Sus facciones estaban tan endurecidas que parecían talladas en piedra, con cada músculo de su rostro tensado al punto de la ruptura. Sus ojos eran cuchillas afi

