Mirar a Kikky a los ojos era la única cosa que yo necesitaba para saber que todo estaba bien, ella tenía ese poder de definir mi día con una sonrisa y ahora estaba Tammy que trepaba sobre la incómoda cama de mi amada cada mañana en busca de un abrazo de mi parte. —Sabes que no voy a resistir mucho más esto. —¿De qué hablas? —preguntó risueña, logrando que su respiración volviera a la normalidad. —En un par de minutos esa pequeña va a entrar como un torbellino se va a abalanzar sobre mi y mi pobre espalda ya no puede más. —Pero eso es porque eres un anciano, no porque mi cama sea incómoda —se estaba levantando de la cama cuando la tome con fuerza y la pegue a mi pecho. —¿Entonces te parezco viejo? —la bese—. Porque hace un rato te escuchaba gemir como si... —Cómo si me gustara —su nue

