—Eso pretendía, pero te me has adelantado. —Le recriminé agriamente su poca cortesía mientras lo veía rondar por la habitación pavoneándose con ese pedazito de toalla, me sentía tentada, que solo tragué grueso. Se detuvo en el bar. —¡Pedazo de bar! —exclamó abriendo la puerta del frigorífico y sacando una cerveza—. ¿Quieres una cerveza, señorita Prisas? —Si me tomo una cerveza, temo quedarme dormida en la bañera. Estoy que me caigo. —Eso te pasa por no dormir en el avión. —No podía, estaba demasiado excitada. —¿Por mí? —preguntó burlón. —No, idiota, por el viaje. Es la primera vez que cruzo el océano. —¿Es tu primera vez? —siguió con ese deje seductor. —Sí, mi primera vez —respondí con un tono que evidenciaba que me tenía hasta la coronilla. —Venga, no me seas arisca, que

