Roberto
Siempre me han gustado las mujeres, eso no es un secreto para nadie. Nunca pasé mucho tiempo sin alguien que me calentara la cama y cuando vi a Leonora me la imaginé inmediatamente echada entre mis brazos.
Nunca una mujer me había atraído tan rápidamente. Normalmente admiraba primero la belleza y después de una agradable conversación era capaz de evaluar el potencial de una posible compañera.
Con Leonora fue instantáneo.
Cuando la vi, la deseé de inmediato y me consumió la certeza de que tenerla en mi cama sería glorioso.
¿Cómo no iba a desear a aquella muñeca de piel perfecta con un vestido tan tentador? Pude ver su espalda desnuda y sentí el impulso de pasar mi mano por su suave carne hasta llegar a sus redondeadas caderas. Y ¡qué sonrisa!
Cuando me saludó, pude ver los dientes blancos y perfectos como perlas en su boca. Por un momento me olvidé por completo de Betina. Si mi perfecta compañera se había dado cuenta de mi agitación, no había dado muestras de ello.
Y cuando Betina se enzarzó en una discusión con mi hermano más chico Cristian, aproveché para buscar a la mujer que despertaba mi curiosidad.
- Parece que ésta te gusta - Dije, acercándome sigilosamente a ella.
Se sobresaltó y vi cómo sus pequeños pechos subían y bajaban rápidamente en una respiración agitada.
- Sí.
Mientras charlábamos sobre los cuadros, no pude evitar admirar su esbelto cuerpo. Siempre me habían gustado las mujeres rellenitas, con curvas insinuantes, pechos que cuanto más grandes, mejor. Leonora era todo lo contrario. Más alta que la mayoría, delgada como una modelo y unos pechos pequeños que deberían caber en la palma de la mano.
Iba a invitarla a tomar un drink en el balcón, mirando las luces de la ciudad, pero no había tiempo. Pronto se acercó un tipo y la besó posesivamente.
¿Por qué pensaba que estaba sola?
Obviamente, una mujer tan espectacular no estaba sola. El chico era hijo de Toninho y me sorprendió, porque mi padre decía que el chico era, digamos, diferente de los demás. Se equivocaba, supongo.
Me alejé rápidamente antes de que mi decepción se hiciera evidente. Me sentía como un lobo lejos del gallinero, con el estómago rugiendo de hambre. ¿Tenía una relación seria o sólo una aventura? Si era la segunda opción, quizá había un hueco para mí en el diario de Leonora.
- ¡Aquí está! - Dijo Cristian, entregándome a Betina-. - Quédate ahí con tu perfecto caballero.
- ¿Qué le pasa? - le pregunté a Betina, pues mi hermano parecía enfadado.
- Lo de siempre, se burla de mí, pero no le gusta que yo haga lo mismo con él. Si no puedes jugar, no vengas al patio.
No quería entender por qué Betina y Cristian estaban otra vez peleados. Pronto empezó la subasta y se vendieron todos los cuadros. Mi madre estaba inmensamente contenta, sobre todo porque uno de los lienzos estaba muy disputado.
Todos los cuadros fueron retirados y pronto los organizadores de la fiesta despejaron el espacio para instalar una pista de baile.
Nadie se atrevió a bailar las tres primeras canciones, pero cuando el ritmo cambió a un ritmo latino, vi a Kaique arrastrar a Leonora a la pista.
A pesar de cierta reticencia inicial, la misteriosa mujer se soltó rápidamente.
- Wow, ¡parecen profesionales! - exclamó Betina. Me rodeaba con el brazo y estaba realmente asombrada.
La forma en que bailaban era muy sensual. Incluso con sus tacones de aguja, la mujer de rojo se movía con mucha ligereza. Sus caderas se balanceaban con gracia y parecía que la abertura de su vestido dejaba ver aún más sus piernas con cada giro. Sin duda, volvía loco a su novio. Si una mujer podía moverse así cuando bailaba, ¿cómo sería entre cuatro paredes?
El baile terminó y todos aplaudieron. Leonora y su novio volvieron al lado de Toninho, que parecía exultante por toda la atención que estaban disfrutando sus compañeros. Llevé a Betina hasta ellos.
- ¡Qué bien bailáis! - dijo Betina. - ¡Ojalá pudiera hacer yo un tercio de lo que habéis demostrado!
- Kaique es genial dirigiendo - dijo Leonora, abrazando a su novio.
- Siempre hemos bailado juntos - confesó Kaique.
- Me encanta bailar, pero no tengo mucho talento.
- Mi hijo es un excelente profesor - Lo felicitó Toninho. - Hijo, saca a la chica a bailar.
- ¿Puedo hacerlo yo? - Dijo la rubia, mirándome como si buscara mi aprobación para bailar con otro hombre.
- Creo que es una gran oportunidad para aprender algunos movimientos - La animé.
Pronto Betina estuvo en la pista de baile acompañada de Kaique, que parecía muy dispuesto a enseñarle.
- ¿Me vas a enseñar a mí también? - Le pregunté a Leonora, que se puso roja.
- No sé...
- ¡No seas tonta, Léo! Baila con el señor Roberto - Dijo Toninho, casi sirviéndole en bandeja.
Aceptó y me dejó cogerla de la mano. A diferencia de la suave mano de Betina, su piel era más áspera y su agarre más firme, como el de alguien que ha tenido una vida dura.
Por suerte para mí, la música era un ritmo latino más suave; no me interesaban las piruetas ni cosas por el estilo.
Una de mis manos se posó en su cintura bien diseñada, pero mi deseo era llegar un poco más abajo...
- ¿Sabe bailar, Sr. Roberto? - Su voz era suave y baja, casi un susurro.
- Lo justo para no pasar vergüenza.
Llevé a mi compañera a un rincón de la habitación. La apreté un poco más contra mi pecho y no pareció importarle. Al contrario, su mano, antes firme, estaba ahora metida entre las mías.
- Tu perfume es muy bueno, Leonora. Pero no te sienta bien.
- ¿Por qué? - me preguntó sorprendida.
- Esperaba algo más cítrico, exótico, pero hueles a flor.
- No es perfume, es sólo una crema corporal que usé, ¿no te gusta?
Me quedé mirando su cara, observando sus ojos intensos, su boca bien dibujada con ese carmín rojo que me recordaba a un jugoso tomate. Contuve el impulso irrefrenable de chuparle los labios y probar su sabor. Me contuve.
- Me encantaba.
Leonora seguía mirándome y yo quería adivinar lo que pensaba mientras me miraba. ¿Sentía las oleadas de deseo tanto como yo?
De repente se puso roja y se apartó de mí. Seguí sujetándola para que no se fuera.
- Creo que mi pregunta fue un poco despistada. Como si le hubiera preguntado si le gustaba mi perfume... Me incomodó. - Estaba avergonzada.
Si Leonora fingía falsa modestia, yo le seguía el juego. Siempre me ha gustado jugar con mi presa antes de devorarla.
- No te preocupes, aunque no me lo hubieras pedido, te habría expresado lo mucho que me gustaba tu perfume.
- ¡Oh!
- Eres una obra maestra en conjunto y debes estar acostumbrada al interés de los hombres.
- Creo que exageras, creo que el mundo está lleno de mujeres hermosas y que la apariencia no es suficiente para determinar a alguien. Y yo quiero ser más que eso, más que una mujer guapa. Cuando conozca a alguien especial, espero que vea más allá de mi exterior.
- Has dicho: "Cuando conozca a alguien especial...", ¿no es Kaique?
- Vaya, yo...
- ¿Se ha olvidado de él? - Me reí a carcajadas cuando se dio cuenta de su error. - ¿Lo vuestro va en serio o es sólo una aventura? Porque creo que está bastante claro que me interesaste en cuanto te vi.
- ¿En serio? Yo no...
- ¿No te diste cuenta? Es imposible, Leonora, que no percibas cuando un hombre te está comiendo con los ojos.
La mujer no reaccionó y dejó de bailar. Sólo entonces me di cuenta de que había empezado a sonar otra canción y, mientras todos sacudían sus cuerpos al ritmo de un viejo axé, nosotras dos nos limitábamos a bailar el vals.
- Ya tengo novio... - dijo, pero no parecía muy segura de sus palabras. Por un momento pensé que estaba arrepentida.
- ¿Y es realmente serio? - Seguíamos de pie en la pista de baile y yo le sostenía el puño.
- Sí, muy serio.
- Es una pena.
Volvió a mirarme con sus ojos deslumbrantes, despertando algo dentro de mí. Esa mirada me consumió.
- Tengo calor y creo que voy a buscar un vaso de agua - Dijo de repente y apartó su mano de la mía, como si volviera en sí después de un trance hipnótico - Gracias por el baile, señor Roberto.
Leonora se fue casi corriendo al lado de Toninho y se quedó así hasta el final de la fiesta.
Me reí solo. Hacía mucho tiempo que no conseguía lo que quería, pero iba a respetar el hecho de que ella ya pertenecía a ese tal Kaique. Mi cabeza comprendía la situación, pero mi cuerpo seguía enérgico, ansioso y frustrado