Con la cara roja, Gwen quiso levantarse del regazo del hombre, pero él no la dejó. Le dijo: —¿Qué, me tienes miedo? —No, no es miedo que siento, solo creo que es raro sentarse en las piernas a un hombre —dijo Gwen. Lo que hiciera pensar al hombre, si Gwen estaba actuando así porque era que quería demostrar a él que era inocente o de verdad lo era. —No soy un hombre cualquiera —dijo él, mirando a la chica, sintiendo como nunca el morbo de descubrir mas debajo de la tela que cubría su piel. —Soy tu esposo —dijo después de un momento de silencio. —Lo sé —respondió Gwen. —¿Y sabes que podemos hacer el… amor? —Si —volvió a responder. —¿Y quieres que lo hagamos? Gwen hizo silencio, así que Eros le pasó los dedos por la nuca de Gwen apartando algunos mechones de cabello, lo que hicier

