— Nena, relájate ya casi, estamos allí — dice Ken mirándome maliciosamente — ¡Maldita sea, Ken! Todo es tu culpa te pusiste a provocarme y ahora tengo muchas ganas — digo mientras froto mis piernas una contra otra dándole algo de fricción a mí clítoris palpitante. — Maldición, Sara no te mueras el labio no sabes cómo me pone eso — dice y yo con más ganas muerdo mi labio a la vez que — Te lo mereces Kenneth Cox, tienes que darme lo que quiero ha sido un año desde que no hacemos nada en forma, hoy es tu castigo — digo y mi esposo suelta una sonora carcajada. — Sara, sabes que más que un castigo es un bello privilegio para mí, el poder tomarte y estar profundamente dentro de ti — dice mientras dobla una esquina con mirada y gesto serio. — Ay por Dios Kenneth, ahora sí que estoy caliente y

