Artemisa
Lunes 31 de diciembre de 2018
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Esto es una tortura.
Mientras una estilista, un maquillista y el encargado del vestuario hacen su trabajo no puedo evitar preguntarme ¿Cómo pueden las riquillas aguantar que las jalen y toquen por todos lados mientras las organizan?
Creo que debo aclarar algo, no he sido pobre ni nada por el estilo, aunque tampoco he sido millonaria, pero nunca me obligaron a usar algo que no quisiera ni ha asistir a eventos que no eran de mi agrado, de hecho para mi padre entre más sencilla estuviera mejor.
Hablando de eso, la actitud de Ethan al mencionar a su familia fue bastante graciosa, es agradable cuando alguien se emociona con solo mencionar alguno de sus nombres, pero es bastante cómico como la vida juega con nosotros.
Flashback
- ¿Así que también eres apasionada por el vino? – me mira de reojo mientras sirve vino tinto en mi copa.
- Soy todo un caso por resolver.
- Autos y vino – termina de servir para recostarse en su asiento – eres un mundo bastante atractivo e intrigante.
- ¿Le gusta el suspenso señor Blake? – tomo un pequeño trago de mi copa saboreando la bebida.
- Antes no pero ahora si – Ethan lame sus labios y es simplemente inevitable apartar la mirada.
Nos encontramos en nada más y nada menos que en Ristorante A Mano, unos de los mejores restaurantes italianos de la ciudad, y que según Ethan era pecado que no haya venido, así que acá estamos, sorprendentemente apenas él llamo desocuparon una mesa y varias a nuestro lado, y digo sorprendente porque este restaurante siempre está lleno.
Acabaron de tomar nuestra orden para un delicioso almuerzo y mientras esperamos no está mal conocer a mi objetivo, decido cambiar un poco la conversación.
- Dígame señor Blake ¿Cómo llegó a ser el gran Magnate de Alemania siendo tan joven y sin recomendaciones? – sonríe de lado y lleva una de sus manos a su barbilla raspando su posible deliciosa barbilla.
Digo … su posible rasposa barbilla.
- Al inicio nadie creía en mí, fueron días y noches enteras de trasnochos y trabajo, en ocasiones me tocó que agachar la cabeza para ganar favores, ahora agachan la cabeza para ganarme a mí.
- Que modesto – le digo en tono de burla.
- No se puede ser modesto cuando se dice la verdad – sonrío resoplando por la nariz – digamos que antes no era nadie en Alemania, ahora lo soy todo, soy la razón del desarrollo del país.
- Tampoco puedo negar verdades, es impresionante como se pudo posicionar tan rápidamente como líder en tecnología, software y soluciones – Ethan entrecierra sus ojos.
- He notado que tiene bastante conocimiento en tecnología – ay no - ¿Le interesa este campos señorita Steele? – curvo mis labios mientras pienso en una respuesta.
- La verdad no, he tenido amigos adictos a los videojuegos que no paran de hablar de temas tecnológicos, por eso mi humilde conocimiento en esta rama – tomo de mi copa mientras Ethan asiente.
Se que me está estudiando como yo lo hago con él, no por nada es una mente maestra para los negocios, yo recibí educación para analizar a alguien con sus expresiones, Ethan posiblemente no haya necesitado estudiarlo y lo haya aprendido a lo largo de su carrera profesional.
- Lo único que le hace falta a mi empresa es invertir en videojuegos y seguridad informática – fijo mi mirada en él mientras mira su copa – no creo que llegase a tener permiso del Estado para enseñar a los jóvenes a hackear – sentí como la ansiedad corrió por mis venas.
- Bueno … eso es delito al fin y al cabo – mi garganta se secaba con cada palabra que daba.
- Si pero toda empresa y hasta el mismo gobierno necesita personal para seguridad informática, y más cuando la tecnología está en apogeo y vándalos toman control de las redes.
- No creo que pueda tener un permiso para enseñar eso – escondo mis manos debajo de la mesa para secar un poco su sudor.
En eso la comida es traída a nuestra mesa y para sorpresa hasta del mismo mesero Ethan agradece, no me esperaba ese acto viniendo de alguien que no necesita ser agradecido y que de una u otra forma tiene un alto índice de narcisismo, pero bueno, nadie es tan malo.
- Y saber que aún así las personas aprenden por su cuenta – estoy a punto de dar mi primer bocado pero paro en seco y bajo mi tenedor.
- ¿Sabe … hackear? – pregunto esperando un no como respuesta.
- No soy experto ni nada de eso pero si te metes al mundo de la tecnología tienes que empaparte del tema completo – agrando mis ojos.
- Oh … wow – empiezo a comer.
- De hecho sueño con conocer a Code Breaker … - no siguió hablando ya que fuimos interrumpidos.
No por nadie, nada de eso, sino por mí, no pude evitar toser por casi ahogarme al escuchar mi seudónimo, esto tiene que ser una jodida broma.
Ethan como el caballero que es para de comer por auxiliarme, me pasa rápidamente una copa de agua mientras soba mi espalda.
- Ya … estoy bien – levanto mi mano en señal de stop – muchas gracias y que vergüenza.
- No se preocupe – toma asiento sin dejar de mirarme con preocupación - ¿ya se encuentra mejor?
- Si, si – muevo mi mano restándole importancia – solo fue una pequeña tos – asiente empezando a comer pero sin dejar de mirarme - ¿Qué hay de su familia señor Blake? – una forma rápida para cambiar de tema.
No soportaría escuchar que quiere conocerme, a mí, a la que lo está espiando para ir de soplona al BKA, y gracias a todo lo poderoso que funciono, pues inmediatamente cambió su expresión a una de alegría.
- Ellos residen en Italia junto a mi hermano.
- No sabía que tenía un hermano.
- No – sonrío – no es mi hermano de sangre, solo crecimos juntos como mejores amigos, digamos que es mi mano derecha y el responsable de cuidar a mis padres.
- Se nota que los quiere mucho.
- Los adoro, son mi motor y gracias a ellos soy quien soy … – sonrío ante su linda respuesta – un loco sin remedio – estallo en carcajadas junto a él.
- Así que Ethan Blake tiene un lado alocado.
- ¡Oh! Y uno salvaje también – vuelvo a reír.
- ¿Cree que algún día conozca a ambos? – pregunto juguetona.
- Tal vez en menos de lo que cante un gallo si usted me lo permite.
Fin del flashback
Y así se fue nuestro almuerzo, entre risas, anotaciones mentales por mi parte y una que otra palabra electrizante.
- Por Dios y todos los santos – dejo a un lado mi ensoñación para fijarme en el causante del drama.
- ¿Qué pasa? – interrogo alarmada.
No me habían dejado mirarme al espejo durante todo este rato y solo esperaba que no me hubiesen dejado como un payaso.
- Vas a arrasar con todos los hombres del lugar – habló el diseñador mirándome de arriba abajo y aprobando su creación.
- ¿Puedo mirarme ya?
- No – movió sus manos teatralmente sacando una caja de las tantas que había en mi pequeña habitación – falta los más importante – abrió la caja sacando un par de tacones – estas bellezas te harán ver como una potra.
- Por Dios y todos los santos – ahora fui yo quien exclamó.
Un par de agujas negras eran sostenidas con suma delicadeza, una característica escasa en mi delgado ser, sin mencionar que los pocos zapatos altos que he usado son de tacón grueso, no de una pequeña cosa que al mínimo movimiento se tuerce.
- Sin peros, serán el toque perfecto para tan belleza de mujer que eres – suspire.
No me podía negar, no solo por los halagos aunque aún no me haya visto, sino también porque en una fiesta de gala no podía irme de zapato bajo, y menos al ser la acompañante del invitado de honor.
Me puse ambos tacones y en cuestión de segundos sentí la diferencia, agradecía que Ethan fuera más alto porque sino lo dejaba volando, todos los presentes aplaudieron emocionados y me llevaron al espejo de toda la pared del armario.
- ¿Quién es ella y que han hecho con mi otra yo? – pregunté sin dejar de verme.
Mientras ellos reían y me tomaban de mis brazos orgullosos por su trabajo yo no podía salir de mi asombro.
El maquillaje está perfecto, mi cabello se veía brillante y con vida, y ni hablar del hermoso vestido que llegaba un poco más abajo de mis rodillas.
Era otra yo, pero me gustaba.
- El señor Blake llegará en un momento por usted, quedará embobado cuando la vea señorita Steele.
- Artemisa, solo Artemisa – volví a mirarme y a suspirar – ustedes son unos maestros en esto – señalé con mis manos todo mi yo.
- Usted es hermosa, solo faltaba darle unos pequeños detalles y hacerla ver como toda una diosa – reí tomando mi celular y sacándome algunas fotos.
Mi madre hará una fiesta cuando vea que por fin me vestí de esta manera.
En cuestión de minutos el timbre del departamento sonó anunciando la llegada del causante de la emoción de todos los presente, emoción que sacó una sonora carcajada de las chicas al ver como el maquillista chillaba y se organizaba.
Me despedí del gran equipo presente y me encaminé a la puerta, al abrirla no solo mis fosas nasales le dieron gracias a Dios, Buda o quien quiera que creara a este dios griego sino también mi ojos y en realidad todo mi cuerpo y autoestima.
Ethan estaba magnífico con su esmoquin n***o ajustado a su cuerpo y su delicioso aroma varonil, sus ojos brillaban en deseo mientras viajaban por cada curva de mi cuerpo, era la primera vez que la mirada lujuriosa de hombre no me molestaba, tal vez porque quería más o tal vez porque esos ojos caramelo estaban acompañados de admiración y respeto.