Artemisa - ¿Estás mejor? – sigo apretando mientras el asiente – ni creas que cada que te pongas tenso te voy a masajear los hombros – le susurro en su oído y cuando paso por su lado soy atraída hacia él cayendo en su regazo. - Hoy ha sido un mal día, merezco que me mimen – me alza de la cintura tomándome por sorpresa. Junto a un gritito me agarro de sus hombros y me sienta a horcajadas sobre él para luego empezar a besar mi mentón e ir bajando poco a poco. - No – cierro los ojos y trago saliva ante la exquisita sensación que produce en mí – no debería … mos – no termino la frase porque sencillamente no recuerdo que iba a decir. Un gemido sale de mi boca justo cuando siento sus dedos en los botones de mi saco y sus mojados besos en mi clavícula, me aferro más a él y mi cuerpo reacciona

