Capitulo 8

2039 Palabras
Me paralicé unos instantes, mi cuerpo temblaba no sabía muy bien si era por el clima o el miedo. De pronto escuché un sonido chirriante alguien había salido o entrado de mi jardín, de inmediato apagué todas las luces de mi auto quedándome en la oscuridad total, la única iluminación provenía de la luna estando en su punto más alto. No lograba ver con exactitud la camioneta o si alguien se encontraba dentro de ella. El frío helado que entraba por mi ventana la brisa helada me hizo temblar, así que subí todas las ventanas, para sentirme más segura y de esa forma nadie podría verme dentro de mi auto. Me encontraba en una distancia considerable para no ser vista aún, así que orillé más mi auto en retroceso hacía un frondoso árbol que otorgaba una sombra sorprendentemente oscura y allí aparqué en la oscuridad en la espera del que misterioso auto se fuera o por lo menos avistar al conductor dentro del. De pronto noté como un hombre emergía rodeando el auto de su parte trasera, llevaba puesta una sudadera oscura, un gorro que ocultaba gran parte de su cabello dejando a la vista uno que otro mechones rebeldes oscuros, era alto de eso estaba segura, su rostro era una mancha oscura no podía reconocerlo, La luz que reflejaba la luna no era suficiente para detallarlo más detenidamente pero hice lo imposible por captar cada detalle. Podría ser un hombre enviado por Massimo para hacerme daño o a caso era Maison, mi mente dolía no podría estar segura podría ser él pero también podría ser cualquiera, de todas formas no desapareció el miedo que me causó. El hombre subió a su auto cerrando la puerta de un portazo cómo si estuviera disgustado y procedió a encender y poner en marcha su auto, noté como se aproximaba a mucha velocidad. Me agaché en mi puesto para no ser vista, me encontré rezándole a todas las deidades que se me ocurrieron, para no ser hallada en mi escondite por ese hombre. Me asomé sólo un poco a la ventanilla de mi auto sólo para estar segura si podría ver algo dentro del auto y dar con la persona que me seguía. El auto aceleró aún más, el sonido de las llantas contra el pavimento hizo eco en mis oídos cuanto más se acercaba, sentí el palpitar errático de mi corazón cavia la posibilidad de que este hombre me encontrase e hiciera de la suyas a lo que fue enviado. Por fin el auto pasó a toda velocidad en donde me encontraba, no se percató, la oscuridad me había ayudado bastante, en cuanto pasó sólo logré visualizar el brazo descubierto de un hombre con diferentes marcas de coloración negra, hasta creí haberlo imaginado. Podría ser Massimo o podría ser Maison ambos portaban tatuajes en sus brazos muy parecidos, tomando en cuenta que físicamente eran muy semejantes estaba segura que igualaban en estatura o sólo fue producto de mi paranoia y mis miedos en creer realmente que eran uno de ellos, pero podría estar en lo cierto, esos pensamiento me hicieron desconfiar de mi entorno no estaba segura, me estaban siguiendo pero ¿Quien?¿Cuál de los dos? O ¿eran ambos? Todo por estar en el lugar y momento equivocado, en eso se había convertido mi vida en los últimos días, turbios, no tenía otras palabras para describirlos. Había pasado de tener una vida relativamente normal, con mis días aburridos, de ver viejas series de comedia, leer uno que otro libro viejo de mi padre, pasar tiempo con mi mejor amigo y las gemelas con un padre poco afectivo e irresponsable, cómo la vida de cualquier otro adolecente casi normal. A presenciar de nuevo un asesinato, perderme en un club desbocado, ser casi abusada y seguida por el dueño del club o el posible asesino del que sospecho y peor aún no podría contárselo a mi única persona de confianza puesto que lo pondría en peligro. Solté un largo suspiro apoyando mi frente en el volante de mi auto. Estaba exhausta de todo en la maraña de enredos que se había vuelto mi mente y mi vida en tan pocos días. Fijé mi vista en las luces rojas de mi reproductor que marcaban las 3:15 am faltaba unas cuantas horas para amanecer y no había dormido nada. Un golpe seco en mi ventana me hizo pegar un brinco, me alteré ni siquiera quería ver quien se encontraba al otro lado, quizás fui tan estúpida de creer que pasaría desapercibida el terror inundo mis venas nuevamente los vellos de mi nuca se erizaron sentía cómo si alguien me apretase desde mi cuello, me dolía la cabeza de inmediato cuando una voz habló. —Olivia abre. La reconocí de inmediato, giré mi rostro y baje la ventanilla el miedo se disipó rápidamente de mi cuerpo. — ¡¿Qué mierda Angela?! —Le dije exasperada. En sus labios se formó una pequeña sonrisa, el olor a alcohol inundo mi nariz, estuvo bebiendo, faltaba más. —Oye…podri—Ni siquiera pudo terminar de hablar su garganta sólo emergían incontrolables hipos. —¡Dios mío, estás borracha! No, eso es poco—Dije regañándole. Sus ojos estaban empañados y su pupila perdida cómo la solían tener los ebrios. Me baje del auto, y la tome por los hombros para meterla en el asiento trasero, no podía llevarla a su casa si sus padres la vieran caerían de espaldas al ver a una de sus hijas en tal estado. Se quejó algunas veces pero logré meterla en el auto, me percaté de que no hubiera nadie en la vía, y me senté de nuevo en mi lugar para llevarla a mí casa entré a mi garaje y lo cerré de inmediato la puerta del garaje de mi instinto no salía la idea de que él hombre de la camioneta negra podría volver y hacernos daño a ambas. Así que hice mi mayor esfuerzo en dirigir a Angela a la habitación de huéspedes que sólo contaba con una cama y un viejo televisor sobre una mesita de noche. Angela emitió un quejido. — ¡Mierda mi cabeza duele! —Se quejó lloriqueando. El cabello oscuro y rizado como el de su hermana caía en hondas en la almohada mientras que algunos mechones se pegaban a su cuello y frente por el sudor. —Bienvenida al mundo de la resaca—Le dije Y me respondió con un gimoteo, mientras se acurraba en posición fetal, le deje una manta cerca antes de irme a la cocina, encendí las luces y subí en un taburete para buscar unos de los té que mi padre compraba para sus resacas quizás podrían funcionarle a Angela. Una corriente de aire fría recorrió mi espina dorsal, la única luz en la casa la emitía la habitación de huéspedes y mi cocina, que era algo tenue. Me giré hacía la dirección en donde venía la corriente de aire, y la ventana estaba abierta, por dónde se colaba el aire helado haciendo el lugar más espelúznate. —Yo cerré esa ventana—Murmuré— todas, antes de irme— Dije más para mí misma. De pronto noté dos pequeñas esferas brillantes, fuera de la ventana, todo afuera era total tinieblas no podía ver absolutamente nada a excepción de esas dos pequeñas esferas brillantes. La sangre volvió a resonar en mis oídos, retrocedí, el mesón chocó con mi espalda baja se sentía frío como todo lo demás. Y de pronto ambas esferas se acercaron aún más, estaba lista para correr a dónde Angela y buscar algo para protegernos de lo que sea que estuviese afuera. Cuando un Maullido resonó luego de que ambas esferas entraron a través de la ventana. Era Rain. Solté una bocanada de aire que no sabía que estaba conteniendo. — ¡Rain! —Exclamé. El minino regordete se acerco a mis pies para restregarse e impregnar su olor como hacía de costumbre. Maulló en cuanto me reconoció. —Me diste un susto de muerte ¿Qué hacías afuera?—Otro maullido más. Me permití relajar toda tensión acumulada, y me dirigí a cerrar la ventana. Pase el seguro y recorrí todas las ventanas de la planta baja hasta el primer piso, no estaba demás sentirme paranoica con un tipo persiguiéndome por ahí. Luego de asegurarme que todo estuviera obstruido y cerrado, volví a la cocina a preparar el té para Ángela, estaba preocupada no entendía cómo Ángela había llegado en ese estado, por lo general siempre salía con su hermana a fiestear y lo último que supe de ella era que ambas estaban enfermas de una gripe, intentar interrogarla en su ebriedad tal vez sería una pérdida de tiempo aunque podría intentarlo. El olor a manzanilla llenaba mis fosas nasales relajándome por completo. —Ven Rain, vamos a dormir—Rain estaba sobre un taburete lamiéndose con una de sus patas traseras estiradas hacía arriba, no pude evitar reírme. —Eres tan tierno—Dije, mientras recibía un maullido en respuesta, le acaricié las orejas. El té hirvió estaba listo, así que lo serví, mientras tomaba una pastilla para el malestar general. Cuando el timbre de mi celular sonó. — ¿Quién podrá ser?¬¬—Murmuré luego de un bostezo. ¿Matty? O podría ser Gabriela preguntando por su hermana. Desbloqueé mi pantalla, el número no lo tenía registrado, era privado. Quedé completamente petrificada, sentí como mi piel se enfriaba cada vez más y mi nuca se erizaba ni siquiera pude moverme sentía que si me movía tan solo un poco cualquier cosa podría hacerme daño, mis manos comenzaron a sudar con el teléfono en mis manos. En la pantalla se leía: ¿Asustada? Sólo eso, del número desconocido no pude reconocer el remitente, esto estaba mal muy mal, probablemente era que ese hombre misterioso me envió ese mensaje, un vago recuerdo volvió a mi mente. — ¿Asustada conejita?— ¿Podría ser él, no? No sonaba tan desubicado, anteriormente se había burlado de mi de esa forma, me resultó extraño que no haya colocado el estúpido apodo con el que me molestaba. Todo era extraño, confuso, en mi mente se revolvían un millón de probabilidades y no podría asegurar ninguna. Mi cabeza dolió, me sentí mareada por el estrés, miedo, ansiedad, angustia un momento de sentimientos y sensaciones que me estaban volviendo loca me estaban cansando tanto emocional y físicamente. Trate de calmarme tenía mi celular a la mano, podría llamar a la policía, aunque en estos momentos no eran tan confiables, pero no creería que serían tan negligente de no atender un llamado de emergencia, toda mi casa ya la había chequeado y estaba segura dentro de ella, me llevaría un bate y dormiría con Ángela para mantenernos seguras, si las cosas se ponían feas o sin tan solo veía a alguien merodeando mi patio marcaría a la policía y luego a Matty no iba permitir que nos hicieran daño y si tenía que pelear lo haría. Tome el té, luego el bate que tenía a un lado de la nevera y me dirigí hacia la habitación donde se encontraba Ángela con Rain detrás de mí, decidí dejar la luz encendida de la cocina para sentirme más segura. Encontré una Ángela más lúcida algo atontando pero al menos estaba incorporada en la cama con las mantas arropando sus hombros. Me observó y sonrió frotando sus ojos. —Te he traído un té de manzanilla y una pastilla—Dije en un tono afable, me preocupaba Ángela nunca salía sin su gemela a un festejo y mucho menos sin su auto. —Gracias—Respondió por lo bajo. Me dispuse a ofrecerle el té y la pastilla, para luego girarme y trabar la puerta coloqué una vieja silla trabando la entrada. — ¿Por qué haces eso? —Preguntó mientras bebía su té. —Sólo una vieja costumbre, cuando papá no está me da algo de miedo, sabes—Mentí Sonrió y soltó una pequeña risita. —No sabía que eras asustadiza— Dijo —A veces lo soy—Respondí Rain subió a la cama, al menos Ángela amaba los animales, el minino ronroneo restregándose en su .
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