Los árboles se mecen despacio, con un movimiento apenas perceptible. Las hojas en el suelo suenan bajo los pies de la pareja que camina con lentitud tomada de la mano. ―Parece que va a llover ―comenta Nicole. ―Sí, no hace frío y la brisa es tibia. ―Cristóbal... ―¿Sí? Nicole se detiene y él se detiene junto a ella. ―¿Qué pasa, amor? ―Quiero besarte ―dice despacio. Él sonríe. ―¿Aquí?, ¿en la calle? ―¿Por qué no? Todas las parejas lo hacen. Él se acerca a ella, rodeando su rostro con sus manos y la contempla un segundo antes de besarla, como cualquiera de las parejas enamoradas que transitan por ese lugar, como un par de adolescentes, sin importarles nada, ni siquiera las débiles gotas de lluvia que comienzan a caer y deslizarse entre sus cuerpos. ―Está lloviendo ―susur

