Klaus mira a su hermana incrédulo. No puede dar crédito a lo que oye. ―¿No te gustó la noticia, hermanito? ―pregunta Raissa con temor. ―No es eso, hermanita mía, es que jamás imaginé que vería este día. Tú casada y con hijos. Con lágrimas en los ojos, abraza con fuerza a Raissa. ―Te amo, hermanita, perdóname por causarte tanto dolor. ―Todo está bien, hermanito, ¿quieres ser mi padrino de bodas? ―No podría concebir honor mayor. Klaus le da un beso a su hermana en la frente, la suelta y se acerca a su cuñado. ―Te felicito, Diego, y agradezco el perdón que me profesaste. No lo merecía, aun así... ―No digas eso, Klaus, todo quedó en el pasado, sobre todo ahora, que seremos cuñados por lo legal y una nueva vida está por nacer. No podemos rodearla de un entorno de rencor. ―Así

