―Las pastillas deben haber fallado cuando me dio la gripe, tomé resguardos, pero al parecer no funcionaron. ―¿Cuánto tiempo...? ―Lo confirmé ayer, por eso me demoré en salir en la mañana, estaba con Kallia en su box. ―¿Por qué no me lo dijiste ayer mismo? Raissa no dice nada un buen rato, solo sostiene la mirada del hombre que está sobre ella apoyado con ambas manos a sus costados en la cama. ―Raissa... ¿Por qué no me lo dijiste ayer y por qué hoy te querías ir? Dime, por favor. ―Yo... Diego... Es que yo... Tú no quieres hijos... Y yo... Yo no quiero que pienses que lo hice a propósito... O que te quiero atar con este niño... Yo... Yo cometí el error... Yo... Diego la interrumpe con un beso profundo y tierno que duró largo rato. ―¿Tú crees, Raissa Vrsalovic, que te culparía

