— ¿Puedes dejar de comportarte como una maldita geisha? — le reprochó Peyton a Gia aunque en el fondo no estaba cansado de sus cuidados sino que su cercanía lo estaba afectando de alguna manera. Verla revoloteando a su alrededor en ese espacio tan reducido estaba a punto de enloquecerlo y ahora a ella se le había ocurrido que debía darle un maldito baño de esponja. Dan había llevado una tina vieja, y botes con agua. Así como paños. — ¿Al menos podrías voltearte para darme un poco de privacidad??? — gruñó él mientras con cuidado se sacaba la ropa. A pesar de todo aún se sentía débil. Comando hijo de puta y ese Fox malparido, vaya a saber que virus le habían metido que apenas había recuperado sus poderes, le costaba hasta doblar una puta cuchara. Gia tenía los brazos en jarras. Le había

