Cabos sueltos

1907 Palabras

El mismo día Londres Williams Mi oficina huele a papel y a café frío. Mis asesores discuten en murmullos; sus palabras se mezclan con el zumbido del aire acondicionado. Intento concentrarme en los números, pero la tensión me aprieta el pecho. Mi secretaria irrumpe suavemente, con esa mezcla de respeto y urgencia: “Señor Mckeson, Harry está aquí. Dice que es urgente.” Resoplo, frotándome la sien y señalando con un gesto: “Que espere hasta que termine mi reunión. Después lo atiendo.” Pero Harry no tiene paciencia y a los minutos aparece frente a mí, con el rostro descompuesto y las manos temblorosas. Se reclina sobre la silla, y su mirada implora mientras tamborilea los dedos sobre la mesa, como si cada golpe fuera un grito silencioso. —¿Qué pasa, Harry? ¿Cuál es la urgencia? ¿No pudi

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