― Hola mi amor. ― Le sonreí mientras le daba un beso en la boca. ―Mi arquitecta ¿Cómo te fue? ― preguntó avergonzado. Eso se notaba ― ¡Vecina! ― Saludó con una mano en alto ― El carro es de acá ¿Lo podemos dejar aquí? Preguntó a la señora que se asomó a la puerta, yo ni siquiera pensé en eso. Me sentí terriblemente mal y quise disculparme. ― Disculpé la molestia ― Mencioné mi mientras me acercaba a la mujer. ― No hay problema hija. Mateo es un buen muchacho y tú debes ser la mamita de las gemelas. Debí tragarme la vergüenza en el auto y subir sin hablar. Ahora, me sentía más apenada que antes. ― Sí señora ― Respondí con una sonrisa mientras mis mejillas se enrojecen. ― Soy Martha, hija. Es un gusto conocerte. Mateo es un joven muy querido en la comunidad y todos celebramos cuando n

