Oh quizás porque todo lo que usa es deportivo
Habló mi pequeña conciencia.
–¿Rueda de la fortuna? – preguntó. Sonreí, no es que sea el mejor juego, pero a mí me gustaba, así que, asentí y lo seguí.
Una vez dentro esperamos a que empezará a girar. Los primeros minutos estaban en silencio, hasta que él los rompió.
–¿Vienes frecuentemente?
–Ehh…, no, solo cuando estamos de buen humor
–Así que, deduzco que hoy están de buen humor– asentí.
Volvimos al silencio incómodo, o al menos para mí era incómodo. Él se mostraba super tranquilo, como si no le incomodara en lo más mínimo el estar en silencio.
–¿Tú, vienes siempre? – decidí preguntar tímidamente. Posó sus ojos en mí y asintió.
–Solo cuando el equipo me obliga, después suelo estar en la cancha, entrenando.
–Oh…– susurré sin saber qué más decir, o bueno, sí sabía. Lo que pasaba era que estaba nerviosa. –¿No te incomoda? – pregunté sin pensarlo. A lo que él frunció su ceño sin entender. – estar en…, silencio…
–No me incomodaría estar todo el día en silencio si estás aquí.
Era mi momento de fruncir el ceño.
–Ósea quieres que me calle– dije indignada. Él soltó una risita y negó.
–¿Por qué siempre te escondes? – preguntó. Lo miré más confundida aún.
–No te entiendo.
–Nunca te ha gustado ser el centro de atención, ¿verdad? – negué con la cabeza– Tampoco te gusta ser conocida, y tampoco te gusta la leche, ¿no es así?
Lo seguí mirando confusa.
–Pues no…
Él sonrió y admiré por un momento el color de sus ojos, eran azules eléctricos y profundos. Era completamente extraño que hablemos, que me hable, j***r…era extraño si quiera cruzar miradas.
–Ah y tu cumpleaños es el diez de marzo, no te gusta celebrarlo, pero sí te gusta ir al campo con tus amigos ese día, ¿no?
Asentí a todo lo que decía completamente confusa.
–Oye, ¿cómo es que sabes todo eso? ¿acaso eres un acosador o algo por el estilo?
–Te gusta la banda Måneskin, la que salió en el dos mil quince. Tu cantante favorito es precisamente Damiano, el vocalista, ¿o me equivoco?
Empecé a reír un poco avergonzada.
–Espera, Carter, espera, ¿cómo es que sabes…?
El chico se giró, y el sol de la tarde le dio en toda la cara, haciéndole parecer un…, ¿ángel?
–¿No es obvio? –Negué con la cabeza– ¿Por qué una persona sabe tanto de otra? Una, podría ser porque está obsesionado contigo, la otra, es porque quizás le gustas.
–¿Y la otra es porque eres un acosador? –me puso mala cara.
–¿En serio piensas eso? ¿No se te ocurre elegir una de las DOS alternativas que te dije? – preguntó en un intento de que le leyera los pensamientos, porque seguía sin entender exactamente a qué venía todo esto.
–Sigo pensando que es la opción que yo dije.
–¡Oh por favor Madd! – sonrió ampliamente.
–Es que es lo que más…
–Considera la segunda opción, ¿de acuerdo?