“Los cambios son parte de un nuevo año”

2970 Palabras
Maddie Diez años después –Vuelve a sonar y juro por los santos que te lanzo por la ventana– susurre hacía mi despertador. Uno, dos, tres segundos y…, empezó la melodía. Me levanté de la cama a la vez que cogía el reloj de mi mesita y lo lanzaba por mi ventana. Bien, ya no fastidiaría. –¡¿En serio?! ¿Eso haces ahora? ¿Aventar tus relojes por la ventana? – preguntó una voz. Ethan. Sin si quiera arreglarme me acerqué hasta mi ventana y le saqué el dedo corazón a mi mejor amigo; quien su habitación daba frente a la mía, o al menos nuestras ventanas. –Vaya humor, es el primer día aún– me recordó llevándose la taza de porcelana a la boca. Miré hasta el suelo de mi casa y sentí pena por mi despertador. Vale, no era la primera vez que lo hacía. Pero es que no soy tolerante ante los ruidos que interrumpen mi sueño y mucho menos a las siete de la mañana; ok, puede que no sea tan temprano. –¿Piensas si quiera recogerlo? – volvió hablar aquella voz. Ups, había olvidado que mi mejor amigo estaba mirando. Levanté la mirada y lo vi apoyado en el marco de su ventana. –¿Qué haces despierto tan temprano? – pregunté con el ceño fruncido. Él también frunció el suyo. –Quedan treinta y cinco minutos para las siete, ¿Cuál temprano? Mejor dime, ¿qué haces aún en pijama? ¿Es el de Mickey? ¿Cuánto dijo que faltaba? ¿Treinta minutos? Ostia, eso quiere decir que mi despertador estuvo sonando desde las seis y cero minutos. Me dispuse a entrar cuando escuché su última pregunta. –¡Es de Patricio! – respondí entrando y buscando mi móvil. –¡¿El que te regale?! – preguntó levantando la voz. Asentí sin ser consciente de que no me veía. Cogí mi toalla y corrí hasta el baño. Mientras me duchaba una pequeña punzada llegó a mi corazón, echaba de menos a mamá. Asimilar su muerte no fue fácil. Era increíble los cambios que habíamos tenido, hace años atrás tenía una familia completa, pero, hoy no. Perdí a mi mamá en un accidente de esquí que tuvo hace seis años atrás. Todos entramos en crisis, sobre todo yo. Tenía once años para cuando ella murió. Desde aquella vez cambié radicalmente, me aislé al completo, me centré en estudiar, ser la mejor, pero siempre pasando desapercibida. Negué con la cabeza e hice el intento de no recordar aquello, al menos no hoy Salí veloz a buscar el uniforme. Jalé de la blusa blanca y me abotoné a la velocidad del rayo McQueen. Hice lo mismo con la falda de tablero en color azul. Mis zapatos…, mis zapatos. No estaban, ay no. Anoche los deje aquí… Corrí con las medias azules puestas hasta dar con estos. Me los puse y volví a mi armario. recordé. La dichosa y estúpida corbata. Llevaba años usándola, sin embargo, hasta ahora no captaba bien como hacer el nudo. Como es el primer día decidí hacerme una coleta alta, no quería que mis cabellos estén cayendo por mi cara mientras escribía. Mientras terminaba de coger mi mochila y ponérmela al hombro, escuché el timbre de la casa. Seguro era Ethan. A pasos lentos empecé a bajar las escaleras y escuché su voz. –¡Buenos días señor Higgins! –Buen día Ethan, Maddie aún no baja, pero supongo que –Pa, Buenos días– llamé su atención, este se giró y me sonrió. –Bueno lo que dije es mentira, aquí está– agregó sonriendo–. El desayuno ya está, quedan pocos minutos, Ethan comerás con nosotros, ¿no es así? – preguntó desde la cocina. Sonreí cuando mi mejor amigo cerró los ojos con fuerza y asintió. Su mamá era enfermera y cada que se quedaba en el hospital venía por desayuno aquí. Terminé de bajar las escaleras y lo miré. –Tú papá ya sabe por qué vengo a su casa a estas horas, no me gusta la idea– susurro solo para mí. –Sabes que no hay problema en eso, Ethan– respondí poniéndome de puntillas y depositando un beso en su mejilla. Mi mejor amigo había tenido cambios muy notorios en su adolescencia. Creció de manera descontrolada, ahora tenía que levantar la mirada para verlo a los ojos. –En fin, quiero probar su comida, ¿te he dicho que es riquísima? – preguntó caminando hacía la cocina. No tenía que indicarle por donde es, conocía esta casa tanto como la suya. Y era cierto, papá era nutricionista, y aunque no era chef, se hacía unas comidas deliciosas. Pero hoy no, cuatro platos con zanahorias cocidas, brócoli, papas y un poco de carne reposaban en la mesa. –Ough– dije bajito. –Te escuché Madd– advirtió papá con una amplia sonrisa. –Ummm, delicioso– agregó Ethan con burla. –Delicioso, ¿no es así? – preguntó papá burlándose a nuestra costa. No protestamos ni un poco, hacíamos de todo para sonreír y tragar las verduras que ni siquiera quería masticar. Nos sumergimos en una platica muy animada con papá respecto al ultimo año, nos aconsejó y también nos advirtió de muchas cosas. En fin, papás. Se me hizo extraño que Melody no haya bajado a desayunar con nosotros, pero bueno, ella era rara. Terminamos de desayunar y cogimos nuestros platos, los llevamos al lavabo. –Dejen eso ahí, lo lavaré yo. Vayan al colegio ya– dijo papá quitándonos los platos y poniéndose a lavarlos. –Hoy conocerán a su nueva directora– escuché la voz de Melody, quien hacía presencia. Cierto. –¡Lo sé, estamos emocionados por ver quien será el nuevo satán del colegio! – respondimos Ethan y yo al unisonó mientras pasábamos por su lado hasta mi habitación. Digamos que mi mejor amigo era de la familia, por esa razón tenía su propio cepillo de dientes en mi habitación. Nos cepillamos lo más rápido que pudimos, nos despedimos de papá, de Med y salimos a toda prisa de casa. Ya íbamos tarde. –¿Iremos en tu moto? – pregunté mientras corría hasta al otro lado de la calle. –¡Claro que sí! Mamá no está, así que, sube ya– gritó montándose, le seguí y me aferré a su cintura. –¿Iremos por Laurie? – preguntó con la voz maliciosa mientras el ronroneo del motor se escuchaba. –No, me dijo que su chofer la llevaría al colegio. –Cosa de ricos– dijo burlón. –Sí, cosa de ricos– me uní. –¡Cuídala, que te estoy observando! – escuchamos la voz de Melody desde la ventana. Sonreímos y la volví a despedir. –¿Te conté que tu hermana en un momento dado fue mi amor platónico? –No, nunca lo dijiste. –Bueno ahora lo sabes. ¡Iba a ser mía! – gritó mientras conducía. Mi mejor amigo era un cuero precioso. Uno ochenta y ocho, ojos marrones–de esos que son completamente difíciles de encontrar, eran hermosos–, cabello castaño, cuerpo de infarto. Era guapo, eso hay que aceptarlo. Le gustaba el Básquet como a muchos chicos. Y sí, también era un rompe corazones. Y solo vivía con su mamá. Hasta ahora no conoce quien es su padre y su madre tampoco le comenta nada. Era el amigo más puro y sincero que existe en el planeta. Sin darme cuenta habíamos llegado a la entrada del colegio. –Joder, este lugar–murmuró Ethan, nos fijamos y ya estábamos rodeados de adolescentes, ahora íbamos al estacionamiento. Bajamos de la mano y cruzamos la puerta del instituto, observé mi alrededor, y me percaté que nuestro conserje se acercaba. Era un señor de porte alto y con barba blanca. –Maddie, la corbata– me indicó con su voz grave pasando por nuestro lado. Oh mierda. Escuché como Ethan se reía por lo bajo y le lancé una mirada censuradora. –Ethan– dije girándome a mirarlo. Él se hacía el desentendido. Yo no quería, él me está obligando. Hice puño mi mano y le di en el brazo. –¡Auch! ¡Oye! – gritó dramático. –No te hagas, ayúdame por favor– le tendí mi corbata y él de forma dramática empezó hacer el nudo, mientras ponía caras. –Y así tienes un nudo perfecto– indicó quitándosela del cuello y dándomela. Me la pasé con la cabeza y la arreglé. –Oh j***r, tienes que ver esto. Son tan ridículas– murmuró con las manos en los bolsillos soltando una carcajada. Miré hacía donde me indicaba y también reí. A lo lejos se veía a las cuatro irritables del colegio o como muchos las quería llamar: populares. Entre ellas Rebecca Hunter, una rubia que por poco y no llega al cielo de lo creída que era. Me parecía tan estúpido poner en un pedestal inexistente a jóvenes común y corrientes. Pero en eso se basaba la escuela: hacer crecer el ego de otros. A su lado iban las tres irritables más: Dana, Daphne y Skye. Eran las que y por poco no se tiraban al piso para que Rebecca pase sobre ellas. Me sorprendió el cambio que Rebecca había tenido. Fuimos compañeras en kínder y los demás grados, pero cuando inició la secundaria se alejó y empezó su imperio y reinado. –A todos los estudiantes de Bluter School, se les solicita presentarse en el gimnasio. Se estará dando la apertura del año– se escuchó la voz de la secretaria en los altavoces. A pasos lentos fuimos hasta el gimnasio, buscamos buenos asientos y nos acomodamos. Unos segundos de más y vi la figura de mi amiga. Laurie entraba con los demás compañeros, nuestras miradas se encontraron y corrió hasta mí. He de aclarar que Ethan nunca se llegó a llevar bien con ella. Ya que él la decía ratera de amigas, nuestra amistad tenía cuatro años recién. Pero la quería mucho. –¡Corazón! – exclamó cuando llegó a mi lado. La abracé con la misma fuerza que ella y reí contra su cuerpo. –Estás muy bella. –Tú también lo estás, ¿puedo sentarme aquí? –Claro que sí, ven– dije haciéndole señas para que se siente a mi lado derecho. Siempre había creído que el color azul del uniforme le había quedado muy bien, ella era rubia y de unos ojos azules preciosos. –Hola, Ethan–susurro mirando sobre mi hombro. Mi amigo, por otro lado, solo se limitó a levantar la mano sin siquiera mirarla. ¡Me había rendido con él! El día en el cual estos dos se llevarán bien, sería, cuando Michael Jackson reviva. –Es tan raro– agregó solo para mí. Iba a responderle, pero cambió de tema al instante. –¿Es verdad que entraras al grupo de las animadoras? – me preguntó un segundo después. –No lo sé aún, lo estoy pensando, ¿qué me dices tú? –Ay amiga, yo creo que no deberías entrar, no sé, eres tan tímida– dijo cogiendo mi barbilla y mirándome con ternura. –Lo sé, yo también creo lo mismo– acepté mirando hacía al centro del lugar. –Yo creo que serías una gran animadora– intervino Ethan, me giré y lo observé unos segundos. Siempre había notado que cada uno me aconsejaba distinto. Laurie me hacía ver cuales eran mis debilidades, y le agradecía por eso. Me ayudaban a no cometer errores, pero Ethan me decía que lo haga, que no lo piense. Y muchas veces lo había ignorado. –Creo que Laurie tiene razón, Ethan. No soy tan social, y no creo aprender tantos pasos. –Te aprendiste los diálogos de una película entera en un solo día. Agitar pompones no será difícil. Laurie hizo un mohín ante las palabras de mi amigo. Y yo me quedé callada. No continuamos hablando ya que la presencia de una mujer hizo que todos guarden silencio. Nos lanzó una mirada a todos y se subió al estrado. –Buen día Bluter. Estoy feliz y contenta de estar aquí con todos ustedes… –No me digas que ella será la nueva directora– murmuró Ethan. Lo siguiente que dijo aquella mujer confirmó sus dudas. –Soy Rachel Buss, su nueva directora. Es una pena que su antiguo director se haya retirado, pero desde aquí le mandamos muchas buenas vibras… –¿Buenas vibras? Ese viejo está super mal por lo cruel que fue– volvió a decir Ethan. –Era un gran maestro. –Le caías bien, es normal que digas eso. A mí me odiaba, ni que su hija sea un tesoro. –Para él si lo era– afirmé. Y es que hace un año tuvo la gran idea de enamorar a la hija del director. Él los encontró, Ethan huyo, la dejó desolada y triste. El director se enfureció y desde ese entonces lo miraba mal. –Este año tendremos unos cambios, quiero dar la bienvenida a todos ustedes a este gran año escolar– expresó con una gran sonrisa. Su voz era animada y armoniosa–. No quiero que se aburran, así que iré al punto principal–se frotó las manos y sacó una hoja–. Las secciones tendrán unas alteraciones, esto quiere decir que, se intercambiarán a los estudiantes con las otras secciones, con la finalidad de que el compañerismo y la unión se fortalezca. Diciendo adiós a los estándares entre estudiantes. Será divertido… Abrí la boca sorprendida y vi que tanto, Ethan como Laurie, hacían lo mismo. Lo que anunciaba era una locura, nadie había hecho desde que, desde que tenía conocimiento. Mi colegio tenía cinco secciones para cada grado, lo que significa que era un lugar enorme. Así mismo, estas secciones se habían estandarizado con el paso del tiempo, los de la A, B y C, eran los más populares, el resto, éramos los simples mortales. Prácticamente, el equipo de básquet, porristas y otros deportes más pertenecían a las primeras secciones. Aunque la nueva directora no viene con esa idea este año. –¿Qué será divertido? Esa tía debe estar loca– escuche la voz de Rebecca detrás de nosotros. –En la pared de cada salón estará una lista de las personas que integraran cada una. No se sorprendan por favor. Además, tendrán dos semanas para convivir y elegir a sus delegados de salón, como a su delegado general… –¿Serás delegada esta vez o seguirás rechazándolo? – preguntó mi mejor amigo. Me encogí de hombros. –No quiero cargos, sabes que no me gustan. –No eres buena hablando en público, Madd–agregó Laurie. Era cierto. –Como tercer punto. Continuando con la intención de fortalecer las relaciones de compañerismo se estará realizando un campamento de ocho semanas, que dará inicio el catorce del presente mes. Es de manera obligatoria, los grados serán separados, pero eso se les anunciará con más detalle la próxima semana. Por ahora pueden retirarse y buscar sus casilleros y salones. Nadie espero más, y salimos del gimnasio. Fuera era una locura. Muchos tenían el ceño fruncido al ver sus nuevos salones, pero más todos los de la A. Mis amigos y yo empezamos nuestra ruta desde la sección E. no había nuestros nombres. –No creo que nos hayan puesto en la A– murmuraba Ethan con una sonrisa en el rostro. Llegamos a la B, buscamos nuestros apellidos y casi caemos de culo al ver el apellido de una persona en especial Carter Wells. –No lo puedo creer– dije en un susurro. Continuamos mirando y no… Ethan Murphy. –Estarás con él– dijimos al unisonó Laurie y yo. Carter era el capitán de básquet y mi mejor amigo quería convertirse en su amigo, ya que este año postularía para ingresar al equipo. –Y también con ella– dijo señalando el nombre de Rebecca. Sonreímos. Vaya, al parecer si que íbamos a tener muchos cambios. –Bueno, te dejamos aquí– dije dándole un beso en la mejilla a mi amigo. –Yo no pienso abrazarte. –Tampoco quería tu puto abrazo– respondió agresivo a Laurie –¡Wells! Ven aquí, perteneces a la B– gritó un chico desde la puerta. Al instante el susodicho apareció y pasó por nuestro lado. Causando que su cuerpo chocase con el mío. Me separé y lo miré de malas. Cuando giré a ver dentro del salón solo pude ver su amplia espalda. –Madd– me llamó Ethan, me giré de golpe y lo miré esperando a que soltará algo. –¿Qué pasa? – pregunté con preocupación, de pronto su semblante estaba serio. –No quiero desearte suerte, porque sé que te irá bien, eres uno de los mejores promedios de aquí, pero si te diré algo, quiero que disfrutes este año, ya sea junto a mí o con esa que llamas mejor amiga. Ah y también deberíamos conseguir pareja, la gente cree que soy gay. –Si supieran a quienes te has llevado al salón de ciencias– respondí picara. –Shhh, Madd. Lo que quiero decir es que…, ¡Conoce a un chico, enamórate de alguien! ¡No puedes terminar el año sin haberte besuqueado en el salón de ciencias! ¡No hay cámaras, j***r! – gritó bajito– Ahora sí, te quiero mucho, nos vemos en el receso. Sonreí y me dio un beso en lo alto de la cabeza. Nunca habría pensado que las palabras de Ethan iban a cobrar vida de la manera más extraña y emocionante durante este último año. Pero todo llevaría nombre y apellido: Carter Wells.
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