Plantada. 1

4725 Palabras
Entre ensayos y juntas la semana se le acabo, ya era viernes y estaba en la tienda "B D Mode" esperando a que le mostraran los vestidos, iba a escoger solamente tres piezas de vestuario que usaría en toda la noche y mientras estaba sentada en un pequeño sillón no dejaba de revisar su celular actualizando la aplicación de mensajes esperando ver alguno de Richard, pero no tenía nada desde el martes por la mañana que supuestamente arreglaron las cosas; seguían las llegadas tarde a casa, las faltas de atención y que él la estaba ignorando de una forma brutal para su corazón, los mensajes a media noche y las llamadas que no respondía. Ella llegaba temprano a casa y preparaba la cena para su esposo, cenaba sola y dormía sola porque no sabía a qué horas es que llegaba a casa, eso ya se le estaba haciendo insostenible y por su cabeza paso la idea de pedirle el divorcio porque sentia que en esa casa sobraba ella. – Sophie, vamos a los cambiadores para que te midas la ropa. – comento Liz con una sonrisa animada en los labios sacándola de sus pensamientos. – ¿Ya les dijiste cuantos cambios voy a tomar? – pregunto Sophie siguiendo a su amiga, fue ella quien hizo todos los trámites y los acuerdos con la tienda para la colaboración. – La jefa dijo que tomara las prendas quisiera tomar, busque la ropa según las especificaciones que nos dio su representante y puede llevarse las que más le gusten. – dijo un hombre que se acercó a ellas. – Solo voy a tener tres cambios en toda la noche y para las fotos solo dos prendas más, no quiero abusar de su amabilidad. – tomo uno de los vestidos que más llamo su atención. – ¿Solo tres? – Julieta se acercó a ver los que estaba viendo ella – Yo que tú los escogería todos los vestidos de la tienda porque están preciosos y más cuando te los están regalando. – dijo riendo. – No soy abusiva, solo tomare cinco vestidos y nada más. – tomo las perchas con los vestidos que más llamaron su atención. – Insisto señorita Marshall, tome las prendas que más le gusten, la jefa dijo que no había un límite y que se podía llevar toda la ropa que quisiera, porque debe promocionar nuestra tienda. – volvió a insistir el hombre. – Lo siento, pero me da mucha pena tomar tanta ropa. – no sabía qué hacer con respecto a eso. – Sophie, podrías medirte algunos conjuntos y hacemos una pequeña sesión de fotos en la tienda con el logo de fondo. – la idea de Adam era muy buena. – No puedo creer que seas tan boba, tienes la oportunidad de llevarte toda la ropa que quieras y te haces la digna diciendo que no. – Julieta se cruzó de brazos bastante irritada. – Cuando alguien te busque para hacer una colaboración para promocionar algo, entonces hablas. – Liz se cruzó de brazos viéndola con molestia. – Yo solo estaba diciendo. – se encogió de hombros como si nada. –Si no tienes nada bueno que aportar, no hables. – Adam se metió con algo de molestia. Sophie noto que la relación entre Julieta y Liz se comenzaba a deteriorar igualmente como paso con Adam, no sabía porque estaba pasando y tampoco es que se había tomado el tiempo de preguntarles de forma directa, se puso las prendas en el brazo y camino hacia los cambiadores para poder medírselos, cerró la puerta para poder medirse los vestidos que escogió, los tres eran de color n***o con diferentes estilos porque era un gusto especial usar ese color ya que la hacía lucir elegante y el presentarse en teatro quería transmitir eso, elegancia; el primero que se puso tenía una colita de tul con detalles de brillos en el borde de las capas, la blusa era tubo con el mismo efecto de brillos. Salió del probador para verse en el espejo de cuerpo completo que estaba afuera y es que entre más rápido terminara eso más rápido podría volver a casa porque se supone que tenía una cita con su esposo es noche, todavía esperaba solucionar las cosas. – No me gusta cómo se te ve el escote porque tienes mucho pecho y se ve vulgar, creo que has subido de peso porque te saca rollitos en las axilas y es muy escotado, además no creo que a tu esposo le guste que te vean más gorda. – comento Julieta al verla. – Es normal que partes del cuerpo tengan rollitos por más flaquita que este, además se ve muy bien en ese vestido y no tiene un escote que se vea mal, Dios le dio pechos lindos y debe lucirlos, no es una tabla. – dijo Liz viéndola de pies a cabeza. – Debería estar más delgada porque es la moda. – ella rodo los ojos y Sophie solo tomo otro vestido del perchero. – Y si la moda fuera tirarse de un puente... No reflejes tus complejos en Sophie... – Adam se cruzó de brazos – Con esas amigas, para que enemigas. – puso los ojos en blanco antes de sentarse a esperar. – Por favor dejen de pelear, no estoy de muchos ánimos para escucharlos. – Sophie froto el puente de su nariz algo irritada. Era ella quien iba a escoger los vestidos por sobre la opinión de cualquiera, se midió otro de tul con la blusa estilo corsé de tirantes con transparencias y le gusto lo ligero que se sentía, además de que le daba la movilidad necesaria para bailar todo lo que duraba el tiempo en el escenario, salió a verlo afuera y a través del espejo pudo ver la forma en que Adam y Liz la estaba observando, le causo mucha gracia cuando ambos levantaron los pulgares en aprobación de la prenda ya que se le veía hermosa; por suerte Julieta estaba distraída en su celular y entonces volvió al cambiador para ponerse el otro vestido, pomposo con la blusa de encaje y las mangas de tul como la falda, un escote en V que dejaba al descubierto sus hombros. – Vas a impresionar a todos los espectadores con ese vestido. – comento Liz acercándose a ella. – Me gustan las mangas largas y abultadas, el escote de barca también esta precioso y siento que resalta mi pecho. – paso una mano por sus clavículas. – Luciría mejor con unos pendientes largos... – con mucho cuidado se los puso y le sujeto todo el cabello con una pinza decorada con cristales – Vi estos ayer que fui a comprar a la tienda y pensé en ti de inmediato, son muy tu estilo. – sonrió dulcemente. – Cambiare la idea de cabello suelto por un recogido bien sujeto para que no se suelte... – le gusto como se veía todo el conjunto – Liz ¿Por qué estás tan borde con Julieta? – pregunto directamente. – No quiero meter cizaña, sé que tú te llevas muy bien con ella y no quiero perjudicar eso. – la comisura izquierda de su labio se fue hacia abajo. – Me gustaría saberlo y sabes que siempre he tomado mis propias decisiones. – se dio la vuelta para verla a los ojos. – Es que las actitudes que ha estado tomando últimamente no me gustan, siento que a alguno de nosotros le va a hacer una trasteada turbia y Adam siente lo mismo por eso nos hemos alejado de ella... – le arreglo el cabello – También siento que esta celosa de todo lo que tienes, tal parece que desea tu vida por la forma en que critica cada cosa que haces. – hizo una mueca con su boca. – Comprendo, quizás ustedes tengan razón sobre eso, yo también la he sentido rara y más conmigo. – respiro profundo. – Señoritas, apresúrese que tenemos que hacer una sesión de fotos. – Adam las apresuro. Sophie volvió adentro y se midió el penúltimo vestido, todos habían sido de su encanto y se los iba a llevar e incluso el primero porque no le importaron los comentarios de Julieta, el último vestido que llevo al probador le gustó mucho más ya que era de color café cobrizo, el pronunciado escote en V le daba el toque de sensualidad necesario para una noche de cita y el largo era hasta por arriba de la rodilla era perfecto, la blusa tenia destellos de purpurina que no se caía tan fácilmente, cuando salió para verse en el espejo noto el gesto de desdén que hizo Julieta al verla. – ¿No hay algo más bonito? – pregunto ladeando la cabeza mientras se acercaba. – ¿No te gusta? – Sophie se vio en el espejo. – Las mangas son horribles con esas pitas, es un vestido que seguramente usaría una cualquiera. – nunca tuvo pelos en la lengua, pero tampoco es que se hubiera escuchado tan ardida antes. – A mí me encanta y creo que es perfecto para mí, me siento sensual usándolo y estoy segura que le encantara a Richard cuando salgamos. – vio a sus otros dos amigos quienes tenían el pulgar en alto aprobando la prenda. Volvió a entrar para quitarse el vestido, ya tenía decidido que cosas se iba a llevar y no importaba las quejas de Julieta porque realmente nunca le habían importado mucho las críticas, era algo que lo recibía constantemente, las críticas de los medios que se dedicaban a contar la vida de las celebridades, también tenía cuentas en r************* donde alguno que otro ser humano aburrido criticaba su físico solo por criticar, vio a Julieta a lo lejos hablando por teléfono mientras veía un vestido y por lo que escucho se lo estaba pidiendo a alguien, quizás su rareza solo se debía a que estaba saliendo con algún hombre ya que solía ser celosa. – ¿Segura que no se quieres llevar más cambios? – pregunto el gerente de la tienda tomando los vestidos negros que ella llevaba en uno de sus brazos. – Muchas gracias por la oferta, pero estaré bien con esos y hare una sesión de fotos con sus prendas aquí en la tienda y una el día antes del concierto, aunque se publicaran después en mis redes sociales... – vio a una trabajadora y la llamo – Cóbrame este vestido por favor, me lo quiero comprar. – le dio el vestido café y su tarjeta. – Dámelo y lo pondré en una bolsa junto a estos. – dijo el gerente cuando la chica lo vio sin saber qué hacer. – No lo usare para esa noche, es un capricho personal. – Sophie sonrió. – De ninguna manera podría permitir que pague, ese capricho corre por la tienda también y por favor no insista porque me van a regañar. – le dio a la chica los vestidos y le devolvió la tarjeta a ella. – Conseguiré la forma de hacerle el pago por ese vestido, promocionare mucho su tienda. – ladeo la cabeza sin quitar su sonrisa. – ¿Qué prendas les gustaría que Sophie modele? – pregunto Adam preparando su carama. – Las que ella quiera, tenemos de todo un poco y usted misma puede crear las combinaciones que se acoplen a su propio estilo. – camino llevándolos hacia donde estaba el logo de la tienda en una de las paredes. – Bien... escogeré las prendas y me voy a cambiar para tomar las fotos. – Sophie sonrió animosa. Un par de vestidos y tres conjuntos que ella misma armo con toda la libertad que le estaban dando en la tienda, hacer colaboraciones tenía muchas ventajas ya que recibía ropa o productos gratis solo por anunciarlos en sus r************* y en esos momentos estaba recibiendo casi tres mil euros en ropa de grandes diseñadores italianos. Adam la animo a posar de forma más suelta y mientras lo hacía pudo ver cómo Julieta hacia caras, bastante disimulada, pero aun así podía distinguirlas claramente porque todas iban hacia ella. – Creo que con las fotos que tenemos hasta este momento son suficientes. – comento Adam enseñándole las fotos a Liz. – Me encanta esta. – señaló la pantalla de la cámara. – En todas se ve bien, puedo editarlas un poco con iluminaciones para que las puedas publicar esta misma noche. – ambos sonrieron animosos. – Ya estoy lista... – Sophie llegó ya cambiada – Le agradezco nuevamente por darme la oportunidad de colaborar con ustedes. – dijo mientras veía al gerente. – Gracias a usted, hablé con mi jefa y dijo que le diéramos toda la ropa, la joyería y los zapatos que uso para la sesión, es como forma de pago por todo lo que está haciendo por la tienda. – dijo el gerente sonriendo. – Lo siento de verdad, pero a mi closet ya no le caben más cosas y que pena con su jefa porque tenga que rechazarla así... – juntó sus manos un poco apenada – Aunque quizás si me pueda llevar un par de cosas más, un vestido de color celeste que tiene puesto el maniquí en talla M. – susurro pensando en darle un regalo a Liz. – Claro, también tenemos un área para caballeros por si le gustaría ver algo. – el gerente le respondió de la misma forma. – De hecho, ya lo vi, hay una cajita de cuatro corbatas que está bonita y le gustaría mucho a Adam. – Sophie sonrió cómplice. – Yo se los agrego ¿Otro vestido para su asistente? – pregunto el hombre. – No, solo quiero esas dos cosas y los vestidos para el concierto. – sonrió de lado. Tomo las tres bolsas donde habían metido las cosas que pidió para ella y sus dos amigos, los cuatro salieron de la tienda y Adam la iba ayudando con las cosas, sintiendo la brisa fresca de la tarde Sophie cerró los ojos y pensó en su esposo, en la cita que tenían esa noche y todavía seguía rezando porque las cosas se arreglaran entre ambos. – Sophie, yo me tengo que ir, te comenté que tenía que acompañar a mi madre al hospital. – dijo Julieta. – Si está bien, me le das saludos a tu madre. – se despidieron con un beso en la mejilla como siempre lo hacían. – Liz ¿Me puedes pasar dejando a mi casa? – para ese momento si tenía sonrisa y amabilidad. – No, tengo muchas cosas que hacer y soy representante de Sophie, no tu chofer. – se encogió de hombros. – Está bien, nos vemos. – la mujer se fue por su lado. – ¿Qué tienes que hacer? – pregunto Sophie mientras abría la puerta del auto donde se movilizaba con Adam. – Tengo una cita y tengo que buscar que ponerme, me gustaría ponerme linda para deslumbrarlo. – Liz sonrió un poco nerviosa mientras veía discretamente a Adam. – Te tengo un regalo para que puedas usar esta noche y estoy segura que te vas a ver despampanante. – Sophie le entrego la bolsa donde iba el vestido extra. – ¡No debiste... Sophie no debiste molestarte, la ropa era para ti! – se cubrió la boca viendo la prenda dentro de la bolsa. – Anda, ve a casa y te pones guapa para tu cita esta noche, espero que me cuentes cómo estuvo todo. – se paró de puntitas y la rodeo con sus brazos. – Claro que te voy a contar, no te daré detalles, pero quiero que me des tu opinión y de paso tu bendición. – Liz rio feliz. Ambos se despidieron de la abogada y Sophie le pidió a Adam que la llevara rápido a casa, algo le decía que esa cita especial era con su chófer y no podía retrasarlo para esa noche tan especial, al llegar bajo del auto dejando que él la ayudará a entrar las bolsas con las prendas. – Adam, usa una de estas... – le dio la caja con las corbatas – La corbata negra de rallas le quedara muy bien a tu bonito traje color café. – lo vio tomar la caja. – ¿Qué es esto? – la vio a los ojos un tanto confundido. – Son corbatas, imagine que te iban a gustar porque son los colores que más te gustan y es un regalo por ser tan buen amigo. – se encogió de hombros viéndolo abrir la caja. – Gracias... – Adam le dio un abrazo espontáneo – Seguí tu consejo y Liz acepto mi invitación para cenar esta noche, gracias por ser mi mejor amiga. – comento sobre su oreja en un susurro. – No tienes nada que agradecer, te deseo suerte y espero que su relación florezca, nada me haría más feliz que verlos felices porque el amor es lindo. – le guiño un ojo después de alejarse de él. – Tengo mucho que agradecerte, de verdad... Sin ti no pudiera ser quien soy y eres una mujer muy especial. – le tomo las manos y le dio un beso. Sonrió con ternura viendo lo dulce que era Adam y la suerte que tenía Liz al tener a un hombre como ese deseando conquistarla, se despidió del hombre y se quedó sola en la inmensa casa, subió las cosas a la recamara y se preparó para su cita, se supone que debían encontrarse en su bar favorito y se puso el vestido café cobrizo que escogió, por último, dejo su cabello suelto y uso muy poco maquillaje porque sabía que a Richard le gustaba verla al natural. No le dijo nada a Adam sobre su salida de esa noche y más cuando supo que tenía una cita con Liz, pidió un taxi y se sentía como la primera vez que Richard la invito a salir; después de terminar el disco se iba a tomar un par de meses de vacaciones y comenzó a pensar que era una buena idea el formar una familia más grande, ya llevaban juntos el tiempo suficiente para pensar bien lo que querían y pensó en dejar de tomar las pastillas anticonceptivas, eso posiblemente podría mejorar su matrimonio en muchos sentidos. Llego al bar cinco minutos antes de las siete que era la hora pactada y decidió quedarse sentada en la barra para esperar a que Richard llegara, respiro profundo y una sonrisa se dibujó en sus labios imaginando la expresión de su esposo cuando la viera con aquel vestido tan revelador, se sentía tan sensual usando esa prenda y llego a pensar que, si había una pequeña separación entre ambos, esa noche esperaba borrar eso, reconquistar a su esposo por si la monotonía había aburrido a su esposo. – ¿Gusta tomar algo hermosa dama? – pregunto el bartender con una sonrisa coqueta. – Una margarita por favor. – Sophie sonrió con amabilidad. – Enseguida se la preparo. – le guiño un ojo y comenzó con sus malabares. Sophie se divirtió viéndolo preparar su bebida, la primera vez que fue a un bar se quedó asombrada por la gran cantidad de licores que había en exhibición y ahora era solo una imagen normal a la que ya se había acostumbrado porque había asistido con Richard a varios de esos lugares, el hombre aprovecho el tener su atención para lucirse con ella preparando su bebida, vacío el líquido en la copa que ya había escarchado con sal y puso una rodaja de limón como adorno antes de servirla. – Muchas gracias. – tomo la copa y la llevo a sus labios sin apartar sus ojos de los del hombre. – Estoy para servirle hermosa dama. – se alejó y fue a atender a otras personas. Sabía que ser coqueto con las clientas era parte de su trabajo, pero vaya que era realmente encantador y su pensamiento la hizo reír porque era un tipo de atención que no estaba recibiendo, se quedó sentada disfrutando del licor y de la sal en la copa, estaba muy ansiosa porque Richard llegará, deseaba realmente verlo. Las primeras dos margaritas las bebió tranquilamente, pero cuando estaba por terminarse la tercera comenzó a desesperarse porque ya llevaba unos cuarenta minutos sentada esperando a que su esposo llegara, vio el reloj en su muñeca y se desesperó mucho más porque no era normal el tener que esperar tanto, entonces decidió llamarle, tres intentos prolongados y con ninguno respondió hasta que iba marcar por cuarta vez recibió un mensaje. "Cariño, estoy trabajando y no me esperes despierta, no me llames por favor porque me interrumpes." Ni siquiera recordaba que tenían una cita, Sophie paso la mano por su cabello sintiendo un coraje muy fuerte florecer en su interior, primero el aniversario y ahora la cita, las noches atrás se pasó preocupando por su hombre pensando estúpidamente que estaba trabajando mucho y ahora se daba de cara con la odiosa sensación de celos, de dudas, de traiciones. – Deme un whisky doble por favor. – guardo su celular. – ¿Esta bien? – el bartender vio que la expresión le había cambiado completamente. – Si estoy bien... Bien pendeja por creer que tenía el esposo perfecto. – desvío su rostro hacia un lado conteniendo las lágrimas que querían salir de sus ojos. – El whisky corre por la casa. – se lo sirvió en el vaso con un hielo redondo. – Hazme la cuenta por favor. – saco la tarjeta y pago las margaritas. – ¿Necesita hablar? Unos oídos desconocidos pueden servir en un momento así. – el hombre se preocupó por ella porque se veía realmente afectada. – Gracias, pero prefiero irme a casa a seguir bebiendo y a llorar a gusto en la intimidad de mi habitación. – acabo con el whisky de un solo trago. – Le llamaré un taxi y sale cuando ya esté afuera, no me gustaría que le pase nada malo porque se ve mal. – el hombre era muy atento y sintió lastima por ella. – De verdad se lo agradezco, pero también me gustaría caminar un poco para despejar la mente. – bajo del taburete y camino hacia la salida. Siendo una figura conocida no se podía dar tanto lujo de tomar a cualquier persona y contarle sus desgracias, no quería ser portada de tabloides amarillistas por la mañana pues ya tenía suficiente con esa decepción, al salir del bar cerró los ojos respirando hondamente la brisa gélida de la noche y al abrirlos se preguntó que iba a hacer realmente porque no quería volver a casa, tampoco podía arruinarles la noche a sus dos amigos y con Julieta no quería hablar; tomo la decisión de caminar un poco como le había dicho al bartender y es que necesitaba bajar el licor que corría por sus venas ya que comenzó a sentirse algo mareada. Mientras iba caminando por la acera con su bonito vestido no dejaba de pensar en que hizo mal para que Richard realmente se hubiera aburrido de ella, para que se comenzara a olvidar de ella, desde que se casó juro que sería una mujer responsable y que se esforzaría al máximo para estar a la altura de un hombre como Richard, quería ser lo que su madre nunca fue y representar lo que era su esposo, pero pareció que todo lo hizo en vano porque se sentía abandonada en aquellos momentos y no solo abandonada, se sentia despreciada, mientras iba caminando no se dio cuenta que un tipo salió de un restaurante jugando con sus amigos y accidentalmente ambos chocaron porque no alcanzo a esquivarlo a tiempo, Sophie casi cae al piso porque se tambaleo en sus tacones. – ¡Fíjate por donde vas! – dijo ella con una voz molesta. – Uy... perdón damisela, no fue mi intención lastimarla. – dijo el chico con un tono burlón, Sophie rodo los ojos y siguió su camino. – Oye preciosa, que tal si nos acompañas a beber algo. – los tipos comenzaron a seguirla. – Con esas lindas piernas estoy seguro que tendríamos tragos gratis. – dijo otro. Sophie no respondió, se limitó a caminar a un paso bastante firme y rápido para alguien que usaba tacones, solo pudo rezar porque se aburrieran y la dejaran en paz, ya tenía suficiente con lo que hizo su esposo como para lidiar con cinco sanacos vírgenes que por su acento podía adivinar que eran extranjeros. – Mi amor ¿Nos vas a ignorar? – pregunto otro haciendo reír a los demás. – No estoy de ánimos para aguantar un grupito de pubertos cagados p**o chico, sigan su camino y déjenme en paz. – no se detuvo, pero si lo dijo en voz alta. – Que boquita, creo que necesitas que alguien te la limpie y aquí tienes cinco caballeros dispuestos a hacerlo. – dijo otro con el comentario más vulgar que había escuchado desde hace mucho tiempo. – Yo solo veo cinco ratas asquerosas que se están buscando una paliza por faltarle el respeto de esa manera a una dama. – una voz masculina profunda hizo que todos se detuvieran en seco. Iba tan concentrada en escarpar de esa situación que no supo bien de donde había salido esa voz y menos en que momento seis hombres de trajes oscuros la habían rodeado a ella como forma de barrera, fue como si de la nada una muralla la hubiese rodeado para mantenerla alejada de los tipejos borrachos, de un oscuro callejón al lado de dónde estaban apareció un hombre sumamente alto que asombro a Sophie, usaba una gabardina marrón oscuro y una bufanda gris colgaba de su cuello, su cabello se veía tan oscuro como el mismo traje que usaba, la calle estaba bastante desolada y con aquellos hombres los otros que la iban molestando se habían quedado a una distancia bastante prudente porque se vieron atemorizados, además de superados. – Solo nos estábamos divirtiendo con nuestra amiga. – dijo el que había chocado con ella antes. – ¿Son sus amigos señorita? – pregunto uno de los hombres a su derecha. – No, uno de ellos choco contra mi hace dos cuadras atrás y desde entonces me vienen siguiendo mientras dicen cosas asquerosas. – no tenía por qué defenderlos. – Deberían estar guardaditos en su hotel en lugar de estar persiguiendo mujeres por las calles de una ciudad que ni conocen. – dijo otro hombre a su izquierda con una voz tan profunda que asusto a Sophie. – Ahórrense problemas y vuelvan sobre sus pasos. – el hombre de gabardina se quitó la bufanda y la puso sobre los hombros de ella para cubrirla del frio. – Ni que fuera la gran cosa para pelear, tipeja enana y ridícula. – dijo uno con desprecio. – Si no valgo la pena ¿Por qué venían tras de mi como perros falderos? se topan con hombres de verdad y corren como gallinas dejando los huevos tirados, imbéciles corrientes. – dijo Sophie ofendida por la forma en que hablaron de ella. Siempre había sentido que no eran la gran cosa, pero le molesto mucho el tono de voz que uso al hablar y más porque la habían ido acosando desde un largo tramo, ahora se meaban en los pantalones porque se toparon con hombres que no iban a tener reparos en ponerlos en su lugar con un par de pescozones. – Por eso las francesas dan asco, se creen la gran cosa solo porque son bonitas y está enana se cree una diosa griega. – comento uno haciendo muecas de lo borracho que estaba. – Caballeros, les pido de favor que desaparezcan de aquí antes de que me arrepienta de dejarlos ir y me olvidé que tengo una dama al lado... – dijo el hombre que estaba detrás de ella aun sujetándola por los brazos – El que ustedes no puedan conquistar a una dama francesa solo deja en evidencia lo mediocres que son y meterse con su estatura es mucho más despreciable. – su voz era profunda. Los hombres se alejaron casi que a tropezones asustados por algo que Sophie no pudo ver y si hubiera visto, también habría escapado corriendo, si no es que hasta gritando espantada pensando que salió de un mal para meterse en otro.
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