Nos besamos y acaricié su pene erecto. Me senté a horcajadas sobre sus caderas y me dejé caer sobre él. Nunca me gustó tener sexo en una piscina; solía ser incómodo y me sacaba del momento. Hacerlo en el jacuzzi era mejor, pero no mucho. Me puse de pie y dije: —Siéntate en el borde. Quiero tomarte en mi boca. —Mmm, no dejes que te detenga —dijo mientras se levantaba. Lo tomé en mi boca y saboreé mis fluidos cubriendo su m*****o. Agarrando su pesado escroto, acaricié sus testículos con mi mano izquierda y lo acaricié con la derecha. Gimió mientras le lamía el frenillo y le mordisqueaba suavemente el glande. Lo sacudí rápidamente mientras le chupaba y lamía el escroto. Le bañé el saco, lo lamí, lo acaricié y le hice eyacular con todas mis fuerzas. Ansiaba darle placer para devolverle el

