Capítulo 38La rodeo con mis brazos y la apego a mi cuerpo, su rostro descansa en la curvatura de mi cuello y puedo sentir cómo su respiración va calmándose. —Dime que te cuidas —digo, luego de unos minutos en esta posición, la siento asentir. —Mi período está más loco que yo, así que necesito tomar pastillas —me hace reír, ella termina riéndose conmigo y levanta su rostro para ver mis ojos. La luz de la luna es la única que alumbra de manera suave la sala de su apartamento, aun así sus ojos se ven preciosos, ahora la miro más bella. —Qué bien… —resoplo, con una sonrisa, acomodo dos rizos rubios que caen por su frente. Ella se remueve un poco para bajarse del mueble y la ayudo para luego acomodar mi bóxer y mi pantalón. Logro ver que toma su braga y va hasta el apagador de la luz, jus

