Juro que era ella.
Narra Dante
****
Suspiro hondo, sigo acostado en la cama del hospital tras el accidente. Pienso en todas las veces que he visitado el hospital últimamente, llegando a la conclusión que en varias ocasiones, sin embargo, el tiempo en el que estuve inconsciente después de aquel disparo fue el más largo.
Cierro los ojos e inspiro hondo. No sé porque me siento inquieto, extraño, como si me sintiera vigilado todo el tiempo.
Su esposa dijo eso.
La voz de la enfermera mencionando y describindo a mi esposa me tiene descolocado, tal vez en la luna. Además, tampoco dejo de pensar en Maya, en qué estoy seguro de que la vi, de que era ella. Juro que era ella.
Me paso la mano por la cara mientras que con los dedos me froto los ojos; estoy a la espera que ese gesto me alivie un poco toda la confusión que ahora mismo hay a mi alrededor, no obstante, parece no funcionar. Mis pensamientos siguen enfocados en Maya, tanto que la siento cercana a mí, a mí piel, a mis labios.
Cierro los ojos y la imagino en la alcoba. Veo su sonrisa, sus ojos chispiantes, su forma de respirar cuando acorto la distancia entre ambos. La siento caminando por el cuarto, mirándome, tocandome, besándome. Y a medida que mi fantasía se eleva, comprendo lo mucho que la extraño.
Lo mucho que la necesito.
Se abre la puerta y todo rastro de Maya se va. Abro los ojos de golpe y veo a Sasha entrar con sus ojos verdes compasivos y una sonrisa de medio lado.
—¿Cómo estás?—pregunta, acercándose a mi cama.
—Mejor, y... ¿tú?—la miro con cautela, y empiezo a sentirme mal por acostarme con ella cuando era la mejor amiga de mi esposa.
—Recuperandome—musita, sonriendo—. Gracias a Dios las cosas no fueron muy lejos. Ya les dije a los detectives todo lo que debían saber.
—Me parece genial. Yo hice lo mismo—digo, mirándola a esos ojos verdes tiernos que me observan con detenimiento. Carraspeo —. Ehh, te puedo hacer una pregunta.
Sasha arruga las cejas y asiente.
—Claro.
Pienso bien lo que diré, no quiero que piense que me estoy volviendo loco.
—En el lugar del accidente, ¿viste algo más?
Otra vez la veo arrugar las cejas en conjunto con su nariz.
—¿Algo como qué?—dice.
—No sé. Algo extraño. Tal vez, ¿un fantasma?
Sus labios se extiende en una sonrisa.
—¿Un fantasma? por Dios Dante, que tipo de pregunta es esa.
Parpadeo, ella tiene razón. Quizás lo que ví es solo producto de mi imaginación.
—Es verdad, olvídalo. No te preocupes —me hago el despreocupado —. Te ves radiante.
Sasha se acaricia los labios.
—Siempre estoy radiante cariño, y me esfuerzo mucho para verme bien para tí —me acaricia el brazo —. Para que así no tengas que mirar a nadie más.
Esa última acotación me deja desconcertado. Lo sentí más como una amenaza que un halago.
Sonrio, apartando mi brazo de su mano.
—Me alegra que estés bien, de verdad, lo lamento mucho.
—Cariño, no tienes que hacerlo. La policía se encargará de lo que sucedió, mientras tanto, procuremos regresar a casa —se chupó los labios —. Allá tendremos mucha diversión.
Alzo las cejas, por alguna razón esa expresión de diversión no me causa emoción. Aún sigo pensando en ella.
—Bien, ya me siento entusiasmo por salir de aquí —digo sin emoción.
Sasha me mira con tanto detenimiento que eso me asusta. Pareciera que quisiera meterse en mi mente y descubrir todos mis pensamientos. Si supiera en quien pienso, con quien en realidad quiero estar, y a quien sigo amando a pesar de que no la tenga conmigo físicamente.
Esos ojos serios, me asustan. Tienen algo de intimidantes cuando se lo proponen. Entonces, siento la necesidad de esquivarla, de estar lejos de ella y derrumbarme ante su penetrante mirada que es más filosa que un espada.
Quiero hablar, cortar la conversación y que se vaya a su alcoba, más no sé cómo hacerlo. Por primera vez, la sensación de estar solo me invadio de un modo que añoraba la compañía de las cuatros paredes vacías que la de mi pareja sentimental.
Se abre la puerta y puedo respirar correctamente cuando alguien interviene con un gigantesco ramo de rosas rojas. La enfermera la coloca en la mesa de noche que se encuentra a mi lado y me sonríe.
—Le han enviado esto.
Sasha mira las flores descolocada, algo preocupada tal vez.
—¿Quien las envía?—pregunto.
La enfermera se encoje de hombros, y justo cuando voy a buscar alguna tarjeta o nota que me diga algo sobre el autor del detalle, Sasha se me adelanta consiguiendo la tarjeta.
La lee muy seria, luego, sonríe.
—Mmmm.... dice que es una vieja amiga —se lame los labios y me mira divertida —. ¿Quien es?
La enfermera me mira y se disculpa para salir de la habitación. Hubiese querido irme con ella.
—Ya lo leíste, una vieja amiga.
Sasha sonríe, ladeando la cabeza hacia un lado.
—¿Tienes muchas amigas, cariño?
Suelto un suspiro profundo y ruidoso.
—Si, muchas.
La veo parpadear. Deja la tarjeta a un lado de las rosas y se muerde el labio.
—Dante, yo sé que tienes amigas y estoy segura que te estiman mucho porque eres médico, pero... deberías de tener cuidado con ella.
—¿Con un ramo de rosas?—inquiero.
—No le refiero exactamente a eso. Esas mujeres que se hacen llamar "amigas" solo quieren una cosa de tí.
Alzo una ceja.
—¿Ah? ¿sí?—frunzo el ceño —. ¿Que cosas quieren de mí?
Sasha mueve el cuello de un lado a otro y cierra los ojos como si le doliera algo, y luego, los abre.
—Quieren acostarse contigo.
—Oh —musito—. Supongo que eso mismo fue lo que obtuviste de mí.
Ese comentario la deja descolocada, con la boca abierta y sus ojos verdes perpetuos en mí. Aparte mi vista de ella y la coloqué en la pared.
—¡Es diferente!—escupe—. Tú y yo nos acercamos por medio del dolor.
—¡¡Y eso estuvo mal!!—repliqué —. ¡Ella era tú amiga!
Sasha seguía con la boca abierta.
—¡No puedo creer que tengamos este tema de conversación otra vez! pensé que lo habíamos aclarado.
—Ya vez que no.
—¡Por Dios Dante! no tienes porque sentirte culpable. Lo que paso entre nosotros es una bendición, un amor único y puro que surgió en medio del dolor de un ser querido.
—Un amor... me huele más a una traición —Sasha me toma de las manos y me siento obligado a verla a los ojos que a su vez se encuentran preocupados.
—Tenemos algo especial cariño, nos queremos.
No digo nada.
—Ademas, no tuviste remordimiento cuando me la metiste. Cuando dejaste que te lo lamiera, y dejara que me follaras duro.
Me estremezco escucharla hablar así, porque de inmediato las escenas de ambos teniendo sexo llegan a mi mente.
—Sasha...
—Chiii—me pone un dedo en los labios —. Puedo darte más cariño, mucho más. Pídeme lo que quieras y juro que te lo daré.
—Sasha, yooo.
—Estoy dispuesta a hacer todo por tí.
Arrugo las cejas.
—¿Que estás dispuesta hacer por mí?
Ella sonríe de una forma escalofriante y me mira.
—Puedo deshacerme de todos los que se interponga entre tú y yo.
La miro desconcertado.
—Das miedo cuando hablas así.
—Y daré mucha más miedo si alguien osa en meterse entre los dos. ¡No lo permitiré!
Sigo mirándola, petrificado. Algo de sus palabras me causan terror, y mi cuerpo lo siente.
—¿Estás dispuesta a...?
Sasha sonríe con dulzura.
—A seguir guardando tú secreto —dice, con amabilidad.
Abro los ojos de par en par.
—¿Que secreto? —pregunto, aunque yo lo recuerdo perfectamente bien.
—El secreto que tú has mantenido oculto por años.
—No se de que hablas.
Vuelve a sonreír.
—Cariño, no me tomes por tonta porque no lo soy. O, ¿me vas a negar que fuiste tú quien mató a Pamela?
Me congelo, no puedo respirar.
—Tranquilo, tú secreto está a salvo conmigo.
Se me acerca a milímetros de los labios y así de cerquita me mira a los ojos.
—Ves... estamos unidos para toda la vida.
******
Notita: Aquí les dejo otro capítulo. Todo es una bomba de tiempo.
Los leo en los comentarios. Un abrazo.