7 Gabriela, planeta Tierra Debía tomar una siesta. Dios, mis párpados se sentían cubiertos de arena. Jori estaba profundamente dormido en su coche, el cual yo había dejado junto a la puerta principal, y tenía alrededor de una hora hasta que despertara con hambre. Otra vez. A pesar de todo, él todavía no había regularizado su horario. Eché un vistazo al sofá con nostalgia. Podría tumbarme sobre los suaves cojines y cerrar los ojos. Oh, la dicha. Pero primero tenía que guardar los comestibles o se estropearían, luego tomar una ducha y tal vez lavaría la ropa. El suéter que usaba, aunque raro, era mi última prenda limpia y dudaba que sobreviviera al día. Bebés, al menos mi bebé, son criaturas demandantes. Hermosas, milagrosas, criaturas demandantes. Cogí las dos bolsas, las llevé a la co

