Siena —¡Papá! Aurora bajo corriendo apenas estacione el auto, Bastián nos esperaba en la entrada de la casa. Sonreí mientras bajaba del auto con los paquetes y ellos se fundían en un abrazo. Al ver a Susan sentí mis ojos picar, las tres personas frente a mí eran todo lo que tenía y agradecí por eso. —¡Estás hermosa! —Exclamó Susan después de darme un abrazo —Te han estado cuidando muy bien por lo que veo —Sonreí ante el comentario. —También luces fabulosa —Le dije en respuesta. —Tal vez conozca a un hombre divino estos días, ya perdí las esperanzas en casa. Después de aquello nadie parece querer entablar algo conmigo. Volví a abrazarla, la vida de Susan tampoco había sido tan sencilla y venía arrastrando algunas cosas complicadas. —Podrías quedarte a vivir aquí, empezar de cero c

