LEX Habían pasado tres días desde que Susan y yo regresamos a mi casa. Tres días de silencio tenso, de miradas cautelosas, y de un blindaje que convertía mi hogar en una fortaleza. La víspera de Navidad se cernía sobre Viena, pero para nosotros, no había espíritu festivo, solo una calma armada. Contraté a un equipo de seguridad de la mejor agencia privada, además del policía retirado que ya estaba encargado de su cuidado. Instalamos cámaras perimetrales, sensores y reforzamos las entradas. No era un hogar, era como un búnker disfrazado de mansión moderna. Me encontraba en la sala de seguridad, una pequeña habitación camuflada donde supervisaba los monitores. La silueta del guardia contratado, un hombre robusto y silencioso llamado Markus, cruzaba una y otra vez la pantalla. Esteban n

