Debía hablar con Bash tan pronto me fuera posible. Que lanzara una revelación como aquella y me diera a la fuga... Suspiré. Era una mierda. —Sé cuál es nuestro juego perfecto —habló Atlas mientras jalaba de mi brazo —. ¿Estás emocionada por convertirte en tía? La sonrisa en su rostro demostraba que él sí lo estaba y que ni siquiera debía preguntarlo. —Será extraño —respondí —, pero sí. Siempre hemos sido Liv y yo, nadie más. Ahora alguien más pasaría a ocupar un gran lugar en su vida, algo brillante y lleno de esperanza, algo nuevo y no arruinado. Sonaba algo desalmado hablar de un bebé de esa forma, pero es lo que era; una hoja de papel en blanco. De su entorno dependía si tendría borrones y estaría arrugada o sería una hoja con letra prolija y bonita. Conociendo a Liv, sabía que ser

