Al adentrarnos a mi departamento, cerré la puerta y Mowgli se acercó a nosotros. Kai se acuclilló para acariciarlo pero a mi amigo felino no le agradan las compañías masculinas. —No le gusta que lo... —al mínimo tacto, Mowgli comenzó a ronronear y se arrojó al suelo, pidiendo más caricias — ...toquen —mis palabras quedaron en el aire. Él jamás se había comportado así ni siquiera con Brynn. —Creo que le agrado —rodé los ojos. ¿Cómo no? No podía creer que Kai no sólo tuviera aquel efecto sobre las personas, sino que también sobre los animales. Caminé hacia mi habitación y cogí el último manuscrito que había escrito hace un año atrás. Quería acabar con todo esto y que se marchara de mi departamento. Kai fue a lavar sus manos al tocador y reí por lo bajo. Al parecer, compartíamos la manía

