—Lo siento... —simulemos que su disculpa sí es genuina —, estaba buscando el tocador. —La habitación al final del pasillo —respondí simplemente y acerqué la carta de mi madre a mi nariz. Aún olía a alcohol, y aquel olor sólo revolvía mis recuerdos... y mi estómago. —¿Te encuentras bien? —me preguntó. Después de varios días, finalmente decidía comportarse como una persona decente. Oí la puerta cerrarse detrás de mí y la tensión en mi cuerpo desapareció. Afortunadamente, él había desistido y se había marchado. Regresé la carta al escritorio, lugar en el que se encontraba anteriormente, y volví a llevar mi mano a mi cicatriz. Aquella me recordaba todos los días lo que había atravesado de niña, pero también lo fuerte que había sido. Kai no se había marchado de la habitación, y eso lo conf

