Tayná Melo —Padre —digo corriendo hacia él y lo abrazo fuertemente. Lágrimas corren por mi rostro empapando toda mi blusa, no puedo contener la emoción de verlo después de tantos meses separados. —Hija mía —él me abraza fuerte—. Cuánta nostalgia, hija mía —responde con sus ojos derramando un torrente de emoción, al igual que yo ahora. —Disculpa por no haber venido antes, es que yo... —comienzo a explicar por qué no pude aparecer antes, pero mi padre me impide dar cualquier explicación. —Sé que estás viviendo con ese abogado, en qué lío te has metido, hija mía, no debiste llegar a un acuerdo para intentar sacarme de aquí —habla en tono de reproche, tomándome de la mano y haciéndome sentar en las gradas del gran salón. Respiro pesadamente, sé que Rafael no le ha contado todo, y yo tam

