Tayná Melo No puedo creer que esté aquí, me pregunto cómo Rafael logró esto tan rápido. Miro la sala y no puedo ocultar mi alegría, Rafael me sorprendió de una manera inimaginable, nunca esperé esto de él. Cuando le dije que quería trabajar, dudaba si realmente me ayudaría a conseguir algo o si solo me estaba engañando. Sin embargo, la alegría invadió mi interior cuando esta mañana me dijo que tenía una sorpresa para mí, jamás imaginé que sería un trabajo. —Empiezas mañana —escuchar las palabras del jefe del hospital hace que mis ojos se llenen de lágrimas, hace tres días hablé con Rafael y hoy aquí estoy recibiendo la noticia de que empiezo a trabajar mañana. —¡Buena suerte! —el hombre de aproximadamente 60 años habla con una sonrisa alegre en su rostro y yo le devuelvo la misma sinton

