Por Débora No dejó de besarme en ningún momento, creo que hasta se olvidó que estábamos en el casamiento de su hermano. Sus manos se volvieron más... juguetonas. -Gonzalo, nos están mirando. Le dije en el oído. -No me hables en el oído porque no soy dueño de mí. Me lo dijo la misma manera, pero su boca se quedó mordisqueando el lóbulo de mi oreja. -Gonzalo... -Te deseo, estoy hambriento de vos, si supieras lo destruido que estoy sin vos, mis sábanas están frías y mi cuerpo necesita tu calor, necesito tenerte, necesito... el calor y la humedad de tu vientre. Fue suave, en realidad no fue chabacano al expresar lo que sentía, pero no lo dijo en voz demasiado baja, creo que mi hermano lo escuchó, aunque en ese momento le estaba contestando algo a Gabriel. -Te voy a enamorar día a dí

