CAPÍTULO XI-2

2099 Palabras

—Si encontramos a alguien en el corredor, no se darán cuenta de lo que llevo. «¿Adónde me llevarán?», se preguntó Sheena con repentina angustia. Pensó, llena de miedo, que tal vez iban a destruirla. ¿La irían a sepultar viva, o la arrojarían en algún lago o estanque profundo del que su cuerpo no sería recobrado nunca? No podía hacer nada para defenderse; sólo podía seguir ahí, medio ahogada por las ropas que la cubrían y por el terror que invadía su corazón. —¡Vayan y que el Príncipe de las Tinieblas los acompañe!— oyó decir a la Reina. De manera instintiva, Sheena buscó en la oscuridad la protección de la Cruz que la había mantenido a salvo hasta ese momento. Ahora el Marqués la llevaba por el corredor. Sentía cómo se movía con lentitud, abrumado por el peso de ella y comprendió que l

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