Capítulo 9

2124 Palabras
Nader Tal vez sea estúpido al dejar que esa mujer me hable de forma tan altanera, pero es su determinación y valentía lo que me incita a provocarla. Ella es diferente a las mujeres que he conocido y vaya que he tenido a una gran cantidad en mi cama en dónde todas ellas eran iguales; solo buscaban una cosa y eso era dinero y riqueza. Con tan solo una mirada y unas cuantas palabras bonitas podía tener a cualquier mujer, ellas gozaban de mi lujos y mi compañía, pero cuando consideraba que ya no eran suficientes simplemente las olvidaba. No me interesaba mantener a alguien de mi lado de una manera que no fuera solo para sexo. Sin embargo, Athena parecía inmune a mis encantos y eso lo hacía cada vez más excitante. Estoy consciente de que ella solo está aquí como mi as bajo la manga, pero hay algo más en ella que me obsesiona. Esa es la palabra. Obsesión. Una obsesión que comenzó hace diez años cuando se atrevió a enfrentarme por primera vez. Pude ver su altanería y determinación en sus hermosos ojos cafés, ella sabía quién era y aun así se atrevió a enfrentarme a pesar de que sabía que iba a morir. Sin embargo, no pude dispararle ¿la razón? La razón fue porque quería conocer hasta donde era capaz de llegar su fortaleza. Dicen que hasta el espíritu más fuerte se puede corromper y yo quería conocer hasta donde era capaz de llegar Athena Brookes. [...] Revisé mi reloj por tercera vez. Era cerca del medio día y seguía esperando a Athena quien después del incidente de esta mañana había permanecido en su habitación y ahora llevaba más de dos horas esperando por ella. Esa fue su manera de vengarse, sabía que odiaba que me hicieran esperar. —¿Dónde está? — pregunto a Kaim quien solo negó, él había permanecido esperando a mi lado así que era imposible que supiera —¡ve a buscarla! —pero cuando Kaim se dirige al interior de la casa lo detuve —olvídalo iré yo. Enciendo mi iPhone y comencé a revisar el registro de llamadas que tenía enlazado con el móvil de Athena, no había nuevas llamadas a excepción de la de esta mañana. Admito que estuve escuchando cada palabra de su cursi conversación con aquél policía, ahora entendí su relación con él; Athena salía con un simple agente del FBI, creí que tendría mejores gustos en cuanto a hombres, pero veo que me equivoqué. Esa fue la razón principal por la que le dije lo que le dije durante esta mañana. —¿Sabes que cada segundo que perdemos Cedric nos toma ventaja? —Fueron mis palabras cuando ingresé a su habitación, pero me detuve cuando la vi. Ella vestía una falda de tubo color gris y una blusa color perla. Ella lucía peligrosa y sexy. Me alegraba que haya accedido a vestir la ropa que le sugerí; sin embargo, debo admitir que su gusto en el sentido de la moda no era para nada bueno. —Lo sé —responde tajante —vamos —ella pasa a mi lado con la intención de salir, pero la tomo del codo impidiendo que eso sucediera —¿qué crees que haces? —A pesar de que accediste a usar la ropa que te proporcioné —ella rueda los ojos con fastidio —el lugar al que vamos requiere otro tipo de vestuario. —Voy a resolver un caso no a una fiesta —esta mujer lograba sacarme de quicio porque en verdad quería volverme loco cada vez que se empeñaba en contradecir cada palabra que salía de mi boca. —Pues es a una fiesta precisamente a donde nos dirigimos, así que, no puedo levantar sospechas al ser visto con una policía —así que sin esperar ningún tipo de opinión abrí el armario —esto es precisamente lo que usarás —los ojos de Athena se abrieron de par en par. —Debes estar bromeando si piensas que usaré eso. —Lo usarás si quieres llegar a mi contacto que nos llevará a Cedric —así que sin pensarlo dos veces ella me arrebata el vestido. [...] Ser mafioso implicaba muchas cosas por ejemplo, ser determinante en la toma de decisiones, jamás flaquear ante nadie ni tampoco demostrar temor y mostrar crueldad era un plus para ganarse el respeto de quienes estaban bajo tus órdenes. Pero para mí la apariencia era otra de las formas para obtener siempre lo que quiero. Si tan solo ella supiera que gracias a mi apariencia diversas mujeres se atrevieron a traicionar a muchos de mis enemigos, entonces no desperdiciaría esa figura que ella posee porque Athena Brookes es una mujer divina. No me molestaría tenerla en mi cama. Cuando nos detuvimos Kaim se aseguró de abrirnos la puerta. Habíamos llegado a una de las mansiones más ostentosas de Beverly Hill's después de todo está lujosa mansión pertenecía a Charles Ryan, uno de los políticos más importantes, pero sobre todo más corruptos de todos Los Ángeles. Athena baja del auto mientras que con las manos trataba de bajar el vestido. Era evidente que ella carecía de seguridad y era una lastima ya que ella poseía un cuerpo demasiado tentador para cualquier hombre. —¿No tenías un vestido más corto en ese estúpido armario? —Dice con sarcasmo. —Lo siento preciosa, pero los hábitos de monja solo los guardo para algún tipo juego —susurro una vez que estuve cerca de ella. —Así que, aquí encontraremos a tu contacto —dice mirando con incredulidad la mansión. —Digamos que mi contacto le gusta llamar la atención —claro que no mentía, ya que, Charles adoraba ser el centro de atención de los medios de comunicación y la prensa, por esa razón no escatimaba en gastos cuando de fiestas se trataba. —Eso parece —mientras Athena mira la estructura de la casa no pude evitar centrar mis ojos en ella. Su piel era ligeramente bronceada y lisa; sus labios carnosos y besables. Ella poseía el tipo de belleza que resaltaba en todo momento; sin embargo, ese tono en su cabello opacaba su hermoso rostro, pero no sería por mucho. Llevé una mano a su rostro y tomé su mentón con mi pulgar. —¿Qué haces? —ignoro su pregunta y desaté su coleta alta que llevaba desde esta mañana. —Eres más hermosa con el cabello suelto —y sin esperar alguna respuesta de su parte entré al lugar. Como era de esperarse el lugar estaba repleto de personas, tan solo en el recibidor había tan solo unas cincuenta personas, sin mencionar las personas que se encontraban en el jardín o la piscina. —No mentías cuando decías que le gustaban las fiestas en grande —miro a Athena, ella permanecía atenta a su alrededor. —Y sino quieres levantar sospechas tendrás que fingir ser mi mujer — era un poco drástico, pero necesitaba guardar las apariencias. —Ni lo sueñes —dice entre risas. —Si quieres resolver tu caso deberás aprender como funcionan las cosas —ella me mira con atención —Charles es algo desconfiado así que es tu decisión si quieres enterarte de los detalles o simplemente esperas afuera. Deberás hacerlo a mi modo. —Tú... —¡Nader amigo! —la voz animada de Charles interrumpió nuestra conversación que en unos segundos estuvo a punto de convertirse en pelea. —Charles —saludo con un apretón de manos —buena fiesta —digo admirando el lugar. —Ya conoces a Peache —Charles señala a la morena que hablaba animadamente con un pequeño grupo en el fondo del jardín —no todos los días se cumplen treinta años y quería que su cumpleaños fuera el tema de la semana. —Entiendo ya sabes cómo son las mujeres —respondo con una sonrisa. —Hablando de mujeres ¿quién es esa hermosa señorita? —la mirada de Charles se posa sobre mi compañera. —Oh ella es...—estaba a punto de negar conocerla cuando ella sonrió con amabilidad y se acercó a Charles. —Mi nombre es Mackenzie —responde —soy la prometida de Nader —Charles me mira sorprendido hasta yo lo estaba. —Veo que no pierdes el tiempo mi amigo —Charles da unas palmadas en mi hombro —¿por qué no pasan y disfrutan de la fiesta? —Él tenía la intención de llevarnos al jardín, pero no tenía tiempo para estas mierdas y el tiempo, es algo que yo valoro mucho. —Me temo que tendremos que declinar la oferta —digo tratando de sonar amable —Charles ya sabes la razón por la que estoy aquí, así que, por favor no me hagas perder más el tiempo —Charles asintió y nos condujo al interior de su oficina —dices tener información de Cedric o de lo contrario jamás me habrías llamado, además tampoco tendría caso negarlo, ya que, mis hombres te vieron uno de mis clubes la noche del catorce. —No me interesa negarlo —Charles se deja caer sobre el respaldo de la silla —me conoces bien Nader y sabes que no busco problemas así que creí que sería bueno que lo supieras después de todo gracias a ti es que mis negocios siguen en la jugada. Te debo una. —Entrelacé los dedos de mis manos. —¿Y bien? ¿Qué tienes para mí? —Charles mira a Athena y después a mí —no te preocupes por ella, es mi mujer, así que, ella está al tanto ¿verdad cariño? —Tomo la mano de Athena y besé sus nudillos. —Hace tres noches estuve en el club con Ivy. Una de mis amantes —omienza —ambos bebimos y pasamos un buen rato hasta que un sujeto se acercó a mí. Me dijo que venía de parte de Cedric Hayes y que tenía una propuesta de negocios y al escuchar esa palabra tuvo me atención. —¿Y qué clase de negocio te prometió? —Pregunto interesado. —Él me ofrecía veinte millones de dólares a cambio del paradero de alguien. —¿Alguien? ¿Quién? —Antes de que pudiera darme cuenta Athena ya había lanzado su pregunta llamando la atención de Charles. —Basta cariño —tomo su mano y le doy un leve apretón. ¿Acaso debía recordarle que no debía levantar sospechas? —A ella le entusiasman este tipo de cosas —Charles se tragó el cuento y volvió a su relato. —Ilias Kuznetsov —al escuchar ese nombre mi cuerpo se tensó —al parecer Cedric tiene interés por encontrarlo; sin embargo, le dije que no estaba interesado en hacer tratos con él. Ya sabes lo que pasa con quien se mete con Ilias, así que, lo quiero lejos de mí. —E hiciste bien Charles —me pongo de pie, ya tenía todo lo que necesitaba saber —agradezco tu lealtad —esta vez fue mi turno de palmear su hombro. Era difícil encontrar a alguien confiable en estos tiempos. —Solo espero que acabes con ese hijo de perra porque aunque no lo parezca amo a mi esposa —susurró —quiero a Cedric y a todos sus demonios lejos de mí y de mis negocios —asiento. —Será mejor que tú y Peach se tomen unas largas vacaciones y desaparezcan por un tiempo —digo para después salir. Una vez fuera Kaim nos esperaba, él abrió la puerta del auto y llevé a Athena dentro. Sus ojos me miraban con especulación, ya que, no entendía lo que había pasado ahí dentro. —¿Quién es Ilias Kuznetzov? —Sus ojos marrones buscaron los míos. —Ilias Kuznetzov es el sicario ruso más sádico y cruel de todo el continente —explico —es conocido por su eficacia, puede entregar a su objetivo en menos de setenta y dos horas. Ese hijo de perra no se toca el corazón para asesinar a alguien, es por ello que es uno de los asesinos a sueldo más aclamado. —¿Cómo sabía todo eso? Era simple, yo había contratado a Ilias para hacer un trabajo en el pasado y si Cedric me lo estaba buscando solo podía significar una cosa. —Jamás había oído hablar de él. —No muchos lo conocen, su tarifa es tan elevada que muy pocos se dan el lujo de contratarlo —Athena me se mantuvo en silencio —bebes llamar a tus agentes pedí. —¿Por qué? —Por que si Cedric está buscando a Ilias lo más seguro es que Francescca esté en peligro.
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