—Lo que pediste —dijo Styx arrojando la bolsa cerrada a los pies de los Louboutin de Slava—. Nuestro trato terminó. Slava usó la punta puntiaguda del zapato para presionar la bolsa. Miró a Styx detenido frente a ella y se agachó para abrirla. Para su no sorpresa estaba la cabeza de uno de sus enemigos más fuertes. La cabeza estaba llena de sangre y ella la apretó a ambos lados y la sacó de la bolsa de cuero. Miró sus ojos abiertos, los dientes apretados y la expresión de miedo en su rostro muerto. —Uno menos —susurró Slava. Caminó hasta uno de los pedestales donde mantenían flores vivas, quitó el jarrón y colocó la cabeza. Quería su propio museo de enemigos, y comenzaría por el hombre que intentó quitarle lo que le pertenecía, acusando su respetado negocio ante las autoridades. —No ti

